LA VOCACIÓN DE EDUCAR

Me comunicas, Marcos, tu decisión de dedicarte a la enseñanza. Por el entusiasmo que pones en tus palabras veo que tu resolución es firme, aunque con ello abandonas el inicio de una de una carrera profesional en el mundo de la industria, mucho más provechosa para ti económicamente. ¡Enhorabuena!

Antes de entrar en otras consideraciones, te agradezco tu confianza en decirme lo que sientes y las reflexiones que han antecedido a tu decisión. Tus palabras rescatan del olvido los sentimientos que viví cuando tomé una decisión como la tuya. Aunque las circunstancias eran distintas, el idealismo que movió mi voluntad fue semejante al tuyo.

Si te felicito y animo en tu decisión es porque la alegría con que emprendes este camino me confirma que esta profesión va con tu naturaleza. Y en este punto me permitirás algunas observaciones, aunque intentaré no cansarte.

Hoy es bastante común pensar que una persona puede adoptar cualquier profesión o cambiarla a su capricho. Semejante concepción ve en la profesión algo exterior a quien la ejerce, sin ningún vínculo real con lo que él verdaderamente es. ¡Qué violencia a la persona veo en quienes frívolamente afirman que el dinamismo de nuestra economía exigirá que los hombres cambien cuatro o cinco veces de profesión a lo largo de su vida!. Aunque esto es enteramente normal si se considera que lo económico lo es todo y las personas son meras unidades intercambiables.

Creo, sin embargo, que esta concepción puede dar resultados funestos para quien, como es tu caso, quiere hacer de su labor un servicio y al mismo tiempo un camino de superación espiritual. Si la profesión ejercida está en armonía con la naturaleza de uno, ella habita nuestra esencia, aquello que nos hace ser nosotros mismos y no otro. Es entonces cuando nuestro trabajo es realización progresiva de lo que somos

Pienso que esto facilitará tu unidad interior, y con ello, tu autenticidad. Ya sabes lo frecuente que es encontrarse con personas que son una cosa en su trabajo, otra en casa, otra con sus amigos, una ahora y otra mañana. En realidad no parecen una persona, sino multitud, y sus yoes no siempre están de acuerdo, eso cuando no están en abierta batalla campal.

La principal herramienta pedagógica es la propia persona del profesor. Y éste, antes de enseñar una materia o ciencia, enseña su persona, y la muestra con sus palabras. Esta manifestación de sí provocará en los alumnos atención, admiración, aversión, respeto, simpatía o indiferencia. Según sea el sentimiento que domine, ellos serán más receptivos o menos, estarán más atentos o menos, aceptarán mejor o peor las instrucciones que se le den. Y al igual que en la oratoria hay muchos recursos, pero nada más elocuente que la verdad, así en la didáctica podemos usar muchos medios, pero nada más respetable que un profesor íntegro, auténtico.

Todos somos muy sensibles a las falsedades. Los niños y los jóvenes, más. Ellos pronto captan a quien es y a quien “hace de profesor”. Además, el esfuerzo dedicado a fingir un papel distrae la concentración necesaria en la labor de clase.

Pues bien, el que hayas decidido dedicarte a la enseñanza y eso vaya con tu naturaleza, te ayudará en tu integridad personal, a reducir la distancia entre lo que eres y lo que haces. Pienso que eso es un soporte, una base excelente para adelantar en tu labor y también en tu progreso espiritual.

Aunque el peso de la mentalidad actual haya llevado a hablar de “trabajadores de la enseñanza” a los profesores, para equipararlos al resto de los trabajadores, pienso que la vocación es necesaria para ejercer esta labor. De no ser así, lo primero que se mostraría a los alumnos es un engaño, alguien que parece, pero no es.

Creo que sobre esa base vocacional que tienes podrás afrontar las muchas dificultades que te sobrevendrán una vez empieces a ejercer ese menester un tanto temerario. Tiempo habrá para platicar sobre ellas y los sinsabores que nunca faltan. Por ahora basten estas observaciones sobre este trabajo que no es otra cosa que servicio que te sirve. A mí solamente me resta expresarte mi solidaridad en el camino emprendido.

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