UNA CITA DE UNAMUNO…

“La filosofía responde a la necesidad de formarnos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida, y como consecuencia de esa concepción, un sentimiento que engendra una actitud íntima y hasta una acción”, dice Miguel de Unamuno en su obra “Del sentimiento trágico de la vida”.

Hablamos de una necesidad. Es decir: pertenece a la naturaleza humana el tener que disponer de esa “concepción” para habérsela con el mundo y con la vida. No se trata de una necesidad psicológica y opcional, sino intelectual en primera línea e inserta en nuestro ser.

Desde el mismo instante en que en el hombre manifiesta su naturaleza consciente y racional se abre un ámbito en el que las cosas aparecen de determinada manera, como en un escenario a oscuras cuando se encienden las luces. Desde ese momento lo que hay se des-oculta, se substrae a la oscuridad que lo ocultaba, y se nos hace presente, conformando un mundo que es nuestro mundo. Vivir lo que hay en interioridad, eso es lo propio del hombre.

A esa interioridad propia del ser humano los griegos la llamaron nous. A la significación de entendimiento o pensamiento, se une la más arcaica de “proyecto”, “plan” o “intención”. Es en el ámbito de ese espacio abierto por nuestro entendimiento las cosas son conocidas, integradas en su mundo y se concreta lo que el hombre es y aspira ser. Y ese mundo previo en que las cosas aparecen constituye la existencia del ser humano.

Lo previo de la andadura intelectual es disponer de una cierta “concepción” unitaria y total. En la abertura intelectual lo que aparece es un kosmos, un orden que asigna a cada cosa su lugar propio. Una concepción que se amplia y enriquece con la aportación del conocimiento adquirido por la comunidad.

Pero puede ocurrir que ese conocimiento transmitido quede oscurecido por bien por la aparición de nuevos hechos o nuevos deseos y resulte insuficiente. En esta situación la inteligencia puede optar por acercarse más atentamente a lo recibido o crear una nueva concepción. También, ante la dificultad que entraña tanto una opción como otra, puede desentenderse de hacer una cosa u otra. Pero esto ya es la formación de una concepción, no por cómoda menos concepción. Pues en una siempre se está, sea ante ella o de espaldas a ella.

Desde esa concepción primaria que dibuja nuestra situación intelectual de partida podemos concebir y construir otras posibilidades, del mismo modo que sobre la base del lenguaje natural podemos construir otros lenguajes artificiales que nos ayuden para ciertos propósitos.

Así, el primer esfuerzo filosófico se dirige a conocer esa situación en la que se está y, haciéndose cargo de ella, tratar de ver qué posibilidades nos ofrece.

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