MATERIAL DE RELLENO

Pensar es una actividad del ser humano tan natural como caminar o comer. Nada hacemos que no vaya acompañado de cierto pensar. Se trata de una actividad que incluye operaciones diversas, tales como considerar, examinar, reflexionar, razonar, meditar, calcular, idear, imaginar, recordar o percibir.

Todas estas operaciones están relacionadas entre sí, aunque no son idénticas. Cada una de ellas nos permite un determinado acercamiento a la realidad, y todas juntas cooperan en la intelección del objeto ofrecido a nuestro pensamiento, hacernos con su realidad.

El ejercicio de una actividad tan compleja resulta fatigoso, especialmente cuando se aplica a los asuntos humanos. Estos presentan multitud de datos dispersos y heterogéneos, que el pensamiento tiende a simplificar y hacerlos coherentes mediante el recurso a ciertas “teorías” que ahorren el esfuerzo al pensar. Así, por ejemplo, ante las inquietudes, contradicciones y problemas que presenta un adolescente podemos encontrar una “explicación” a su conducta recurriendo a la teoría de la “edad del pavo”. Esto nos evita el esfuerzo de considerar atentamente lo que dice y hace, intentando averiguar las razones concretas de su comportamiento.

Los estereotipos, prejuicios, eslóganes, supuestos e ideologías constituyen todo un material con el que rellenamos los huecos de nuestra ignorancia. Hoy, por ejemplo, se ha creado el estereotipo según el cual estar a favor del aborto y considerarlo un derecho de la mujer es lo propio de una postura de izquierdas. Y así, cuando, por ejemplo, Nat Hentoff, colaborador habitual del Washinton Post, ateo, defensor de las libertades civiles, activista contra la pena de muerte y de izquierdas, se declaró contrario al aborto fue vetado para que diera una conferencia sobre “esta herejía” en una institución laica (El Nazareth College de Rochester) a la que había sido invitado, y sus compañeros del The Village Voice de Nueva York, otra publicación con la que colaboraba, le preguntaban que “cuando se había convertido al catolicismo”. Lo último era preguntarle y escuchar atentamente las razones de su posición.

El material de relleno actúa como una barrera que evita que la realidad se presente directamente y la podamos interrogar. Lo que tenemos delante ya no es la persona o la situación, sino su estereotipo, prejuicio o categoría en el que lo diluimos.

Los elementos que constituyen ese material de relleno se revisten de un halo de significaciones formando campos semánticos que generan su propia lógica y provocan adhesiones o rechazos casi espontáneos. “Ser de derechas”, por ejemplo, va tan asociado a “clasista”, “opuesto al progreso”, “explotador”, “autoritario” etc., que hasta quienes tienen esta orientación política evitan autodenominarse así o sienten la necesidad de “justificarse”.

El material de relleno puede ayudar inicialmente en el conocimiento de la realidad en general, pero fácilmente nos puede equivocar en la interpretación de la realidad singular ante la que estemos. Se equivoca porque cree que la potencial ciencia contenida en sus “teorías” es ciencia en acto de lo singular. Si de lo singular no hay ciencia, como ya decía Aristóteles, menos la hay cuando sobre el objeto singular se proyecta la opaca luz de todos esos elementos de relleno.

Esa tendencia a utilizar material de relleno en nuestra explicación e interpretación de la realidad facilita a los medios de difusión la creación de estados de opinión favorables a determinados propósitos. La difusión masiva e insistente de determinadas ideas les va confiriendo la cualidad de “evidentes”, conformando una mentalidad en la que es difícil tomar la distancia necesaria para poder discutirlas. El pensamiento, prisionero de sus propios prejuicios, ya no es libre para pensar y menos para manifestar lo que piensa.

Saber de la existencia en nosotros de ese material y el ejercicio de la meditación sobre él puede abrir brechas en los muros de esa prisión que nos impide pensar por nosotros mismos.

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2 comentarios en “MATERIAL DE RELLENO

  1. Muy certero el artículo sobre el “material de relleno”. Indudablemente nos trae a la memoria la crítica de Heidegger al “se” anónimo, pero va más lejos, puesto que pone ante los ojos hasta qué punto semejante material pesa sobre las mentes contemporáneas y, bajo capa de “ciencia” o de “dogma” de nuevo cuño, les impide u obstaculiza el acceso a la verdad. Y es que, al subrayar la decadencia moral que la caída original supuso para la humanidad, tal vez hemos olvidado la “obnubilación” que semejante decadencia acarreó consigo y que, cual nubarrón siniestro, se cierne sobre nosotros más amenazador que nunca. Por lo demás, no parece que determinadas teorías que hoy campean como otros tantos “dogmas científicos” (como el evolucionismo ateo, a pesar de sus enormes lagunas, o el marxismo, no obstante sus evidentes fracasos) hayan brotado, valga la expresión, por “generación espontánea”: ha sido necesaria mucha falta de rigor, ausencia de autocrítica y desfachatez para traer a la luz tales engendros…

  2. Lamento el retraso en darte las gracias por tu comentario, Emilio. Efectivamente creo que es muy importante el ejercicio de examinar aquellos contenidos de nuestra conciencia que nos impiden que la palabra sea lo que hace a la palabra ser: expresar lo que las cosas son. No es un ejercicio fácil, pues mucho de ese material de relleno está interiorizado en una interioridad que se desconoce a sí misma. Pero saber estas cosas puede ayudar a algunos a caer en la cuenta, por más que las ideas no sean originales.

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