PUNTUALIZACIONES SOBRE EL ABORTO

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En mi escrito anterior sobre el aborto, de 18 de marzo, incluía la llamada Declaración de Madrid contra el aborto firmada por un millar o más de personas de profesiones diversas. Sin embargo, una lectura atenta de esa declaración, hace que mi acuerdo con ella no sea completo y considero que contiene puntos contradictorios con las afirmaciones primeras de la propia declaración e inaceptables para quienes consideramos que el relativismo moral supone un gran déficit de conciencia.

Resulta chocante que tras afirmar en los dos primeros puntos que desde el momento de la fecundación hay ya una vida genética singular, que el cigoto es la primera realidad corporal del ser humano y que, y ahora reproduzco textualmente lo que dice el punto c) “El embrión (desde la fecundación hasta la octava semana) y el feto (a partir de la octava semana) son las primeras fases del desarrollo de un nuevo ser humano y en el claustro materno no forman parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su propio desarrollo”, de donde se concluye que “un aborto no es sólo la «interrupción voluntaria del embarazo» sino un acto simple y cruel de «interrupción de una vida humana”, resulta chocante, digo, que después de dicho esto se llegue al apartado f) en el que se dice:

“Es preciso que la mujer a quien se proponga abortar adopte libremente su decisión, tras un conocimiento informado y preciso del procedimiento y las consecuencias”.

No lo entiendo. ¿Puede acaso el hecho de tener “un conocimiento informado y preciso del procedimiento y las consecuencias” liberarnos de la responsabilidad de hacer un acto cruel?. ¿Desde cuándo el conocimiento nos da alguna “ventaja” moral?. No voy a extenderme en este punto, pero está claro que un indocto puede tener la misma categoría moral que un docto y el obrar bien está al alcance de todos. Por supuesto, que al final adoptará la decisión que quiera, y su acción será libre, pero el hecho de ser libre no justifica esa acción. El conocimiento de las secuelas psicológicas o de otro tipo que puedan seguir al aborto, así como las razones que han llevado a su práctica, pueden ayudarnos a “explicar” la conducta adoptada, pero no a “justificarla” haciéndola moralmente aceptable.

Está bien informar de las posibles secuelas psicológicas de un acto, que en tanto que cuestión de hecho, se dará en más o en menos, pero no veo razón para ocultar las posibles consecuencias morales de esa conducta.

Todo estas consideraciones no deben de ser excusa para la ayuda y atención a la persona que se encuentra en la situación de ver su embarazo con angustia y el aborto como la salida de esa angustia. Pero desde el convencimiento de que el aborto no puede ser un derecho y constituye un empobrecimiento moral en la sociedad que lo admite.

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