VALOR Y PRECIO

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“¡Quién fuera diamante puro!

-dijo un pepino maduro.

Todo necio

confunde valor y precio.”

Eso dice Antonio machado en Juan de Mairena, XXII. Y finalizaba la reflexión con un “De todos modos, la aspiración del pepino es una verdadera pepinada”.

De entrada, parece que la diferencia entre uno y otro es bastante clara, aunque en la práctica suele ser frecuente que se considere que el precio es un indicador del valor de algo. Si su precio es muy alto, debe ser muy valioso…

Creo que a la hora de hablar de los valores, puede ser útil empezar por ahí, por ver claramente la diferencia entre el valor y el precio. Y para captar con cierta precisión esa diferencia tal vez ayude una comparación. Comparar el valor y el precio con la longitud y el peso de un objeto.

Por ejemplo, este lápiz, el que ahora tengo ante mí, mide 8 cm. de largo; su longitud es de 8 cm. Esta longitud es parece una de sus características actuales. Si ahora lo peso y la balanza de precisión me dice que pesa 7 gm.; su peso es de 7 gm. Y este peso parece ser una de sus características actuales. Las propias estructuras gramaticales en que se expresan estas características parecen indicar que la longitud y el peso son propiedades inherentes a este lápiz:

“Este lápiz tiene 8 cm de largo”

“Este lápiz tiene 7 gm de peso”

Pero bastaría una pequeña prueba para ver que longitud y peso expresan cosas muy diferentes. Si aunque sólo sea mentalmente nos trasladamos a la Luna, y allí medimos ese mismo lápiz, observaremos que su longitud no varía, pero si lo pesamos, sí. La longitud no varía porque ella sí expresa una propiedad del lápiz, pero el peso mide una relación de atracción. El peso está en función de la interacción gravitatoria, que no es la misma en la Tierra que en la Luna.

Cuando hablamos del valor de algo parece que nos estamos refiriendo a alguna cualidad intrínseca a ese algo. El preció, en cambio, guarda relación con la masa de personas que desean ese algo. Mide esa relación de atracción de ese algo respecto de alguna masa. La misma botella de agua puede variar mucho su precio del supermercado a una tórrida playa de verano en la costa levantina. Sus cualidades no han variado, pero su precio, si se sabe que no hay otra al alcance, puede ser muy distinto. Los cuadros de Vicent van Gogh tienen un precio muy distinto de cuando él los pintó.

Qué es el precio, que es lo que mide y cómo se determina es cosa bastante clara y fácilmente deducible de lo dicho. Qué sean los valores, a los que con tanta frecuencia se alude, no lo es tanto.

Por de pronto, creo que nos pone en camino de acercarnos a su naturaleza decir de ellos que son cualidades estimables, aunque no sean estimadas, que sirven de criterio a la hora de orientar la conducta. La sinceridad en el decir es un valor, pues es algo estimable y deseable, aunque no siempre se practique. Pero a poco que se considere esa idea se asiente que es muy de estimar que esté presente en las relaciones humanas, y aquella persona que es portadora de esa cualidad es motivo de admiración. Otro tanto podríamos decir de la justicia o la belleza.

¿Son los valores algo subjetivo que depende de cómo cada cual entienda la idea que hay tras esos valores? Esto es algo a dilucidar, aunque cuando los valores son encarnados por alguna persona, suelen ser fácilmente reconocibles.

Hoy, sin embargo, la confusión ya no es tanto entre valor y precio, sino entre hechos y valores. Por ejemplo, la pluralidad y la diversidad entre las personas y los pueblos es un hecho. La tendencia a diversificarse las cosas es algo espontáneo. Pero para que esas diferencias sean diversidad, es decir, versiones diferentes de lo mismo, es preciso reconocer y defender la unidad subyacente a esa diversidad. Reconocer, por ejemplo, que a todos, hombres y mujeres, niños y ancianos, sanos y enfermos, de esta raza o de la otra, inteligentes y torpes, a todos les unifica el ser personas, que por ser únicas y sujetos de su vida, no tienen ni precio ni valor, sino dignidad.

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