LA IDEOLOGIA COMO FORMA DE PENSAR MISTIFICADA.

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La Ideología creada por Destutt de Tracy era una ciencia que pretendía ser la ciencia a cuya luz se ordenara la legislación, la enseñanza, la economía, las otras ciencias y toda la actividad social. Es decir, una ciencia fundamental, de los fundamentos últimos de la realidad. Lo suyo hubiera sido llamarla metafísica, pero Destutt de Tracy evitó ese nombre por las asociaciones espirituales o religiosas que podía conllevar. Esa ciencia justificaba el orden que se pretendía establecer en las otras ciencias y orientaba las decisiones que se debían tomar para la construcción de la República Francesa.

Napoleón, sin embargo, vio en esa “ciencia” una “métaphysique abstraite, nébuleuse, incapable de saisir le sens du réel”. Mas sus críticas no solamente se dirigieron a esa ciencia, sino también a los ideólogos, a quienes llamó “charlatanes” y “espíritus falsos”.

Ciertamente, los ideólogos no eran meros especuladores intelectuales o investigadores, sino miembros activos de una sociedad agitada a la que pretendían guiar. Ellos estaban presentes en las reformas legislativas, educativas y administrativas que siguieron a la Revolución Francesa.

De Napoleón arrancan las connotaciones despectivas asociadas al término ideología. La ideología se opone a ciencia o verdad en tanto que opinión privada construida más o menos artificialmente. Su plural, ideologías, deja ver mejor su naturaleza, que no es otra que la de opinión o forma de pensar particular.

Napoleón los llamó también “ateos y republicanos”. Cultivados y familiarizados con el espíritu de las Luces, aquellos ilustrados consideraban solamente como verdadero aquello que se ajustaba a los parámetros de la razón humana. Como los contenidos de la religión no se ajustaban a esos parámetros, se concluía que la religión era falsa o que era cosa del mero sentimiento.

Pero, ¿qué era lo falso en esos espíritus?

Los ideólogos seguían creyendo en la verdad. Se rechazaba la religión en nombre de la razón, la cual se manifestaba en la ciencia, en aquel conocimiento positivo de las cosas. Era esa razón y las ciencias por ella descubiertas las que debían de servir de faro al ser humano.

La exigencia de verdad requería de una ciencia que diera cuenta de esa razón, fundamento de todo conocimiento humano. Y a esa ciencia se le pedía ser positiva, como al resto de las ciencias. Cuando Destutt de Tracy decía que la Ideología era una parte de la Zoología, se estaba refiriendo, en primer lugar, a que debemos analizar nuestra facultad de pensar como analizaríamos una planta, un animal o un mineral. Esta cuestión metodológica presuponía una posición ontológica, la del materialismo, que les llevaba a buscar la génesis de hecho de nuestras representaciones mentales o ideas en la fisiología, en la sensación y el movimiento, o lo que era igual, en el nervio y el músculo.

Con esta posición se caía en la contradicción de pedir a una ciencia particular y sujeta a la contingencia de los hechos las características de fundamento universal y absoluto que solamente podría tener una ciencia que se desarrollara en un plano superior. Sin embargo, esas características se le atribuían, no ya como resultado de ningún conocimiento, sino como afirmación del deseo.

Esa distancia entre el conocimiento obtenido (real o ficticio) y el deseo es la que indica la naturaleza de la ideología: es opinión y no verdad. Pero no opinión cualquiera, sino opinión que no se reconoce a sí misma como tal.  La ideología hace falso al espíritu porque no es lo que dice ser, sino otra cosa. Dice ser la verdad a partir de la cual se explican todas las cosas, pero en realidad es opinión. Opinión imposibilitada de alcanzar la verdad, que es por definición universal, porque el propio elaborador de esa ciencia queda fuera de ella. Algo semejante a lo que ocurre con el que afirma que “no debemos fiarnos de nadie”, lo cual implicaría no fiarnos de quien lo dice ni de su afirmación. Si, como afirma Destutt de Tracy, pensar es sentir, eso será también su pensamiento. Y en tanto que sentimiento no podrá alcanzar esa universalidad propia de la verdad.

Esa ocultación del sujeto es al mismo tiempo ocultación de sus intereses. Ocultación que es en el fondo disimulo, pues los demás bien pueden ver en su conducta lo que le mueve, que no es otra cosa que alguna forma de poder social.

Esta es la primera de las inversiones que se da en la conciencia ideológica: la verdad está al servicio de los intereses o tendencias. Ese servicio consiste en dar forma razonable a esos intereses. La razón se transforma en racionalización, la cual cuanto más perfecta es, más inconsciente deviene.

Ahora bien, es la presencia de otras formas de pensar la que pone de manifiesto ese carácter subjetivo de su pensamiento que no desea para sí, pues mantiene su lucha por la objetividad. De ahí que se precise ganar para sí las formas de pensar distintas. Se hace necesario transformar la sociedad para ajustarla a la propia construcción dada como verdadera por definición. Por eso le es a la ideología inherente ser militante. Necesita adeptos en el poder que se sumen a la labor de transformación de las mentes y las instituciones de acuerdo con la ideología y mentes receptivas que acojan de buena gana esos cambios.

Siendo la ideología una concepción [= algo elaborado subjetivamente] del hombre y su mundo es propio de ella ser algo construido, inventado. Como todo invento, representa una novedad, la formación de algo que no había antes. En tanto que invento, lleva implícito el descubrimiento de ciertas relaciones, ciertas propiedades de los materiales que lo componen, etc. Es una creación humana, pero no una creación de la nada. Por eso establece una novedad, aunque relativa.

En lo que tiene de novedad, la ideología rompe con la historia. Su aval no es el pasado del que viene, sino el futuro que promete. Es un pensamiento esencialmente proyectivo y centra sus esfuerzos en las estrategias que le lleven a la conquista de ese futuro. La realidad innegable de lo que ha sido y que nutre el presente es negada y substituida por una realidad que todavía no es, pero que se presenta como incuestionable.

La ruptura que la ideología establece con el pasado, que es historia del error, y con la realidad, que es la que debe adaptarse a sus ideas, le permite a la ideología una gran simplificación de los problemas reales y sus respuestas pueden fácilmente transformarse en tópicos de consumo colectivo. Y eso resulta de gran utilidad para la vertiente política de la ideología.

Opinión vivida como verdad universal, deseo tenido por razón, racionalización considera ciencia, dominio social visto como salvación, pérdida de identidad como superación de prejuicios… Todo esto son elementos que configuran la conciencia ideológica, haciendo de ella una falsa conciencia, que al ser propia de un cierto colectivo le impide ver su carácter subjetivo y limitado.

Corolarios.

1.    Las ideologías tienden a diversificarse y de los cascotes de las ruinas de una se forman otras, cada vez más endebles, pero más atrevidas.

2.    En las sociedades llamadas líquidas la necesidad de racionalización es cada vez menor, y las posiciones de deseo se afirman sin necesidad de justificación.

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