EL ESPACIO VACÍO (NOTAS)

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0. “El judío y el hereje vivieron durante la Edad Media en un mundo cristiano, dentro del cual eran, por eso, justamente hetero-doxos. Hoy estamos a punto de que los católicos sean los verdaderos heterodoxos, relativamente a nuestro mundo descristianizado. En la Edad Media había mentes heréticas: la mentalidad era, sin embargo, cristiana”

Xavier Zubiri. Naturaleza, Historia, Dios. Pg 155. Madrid-1963

1. Esto escribió Zubiri en 1940, en un artículo titulado “Sócrates y la sabiduría griega”. Si entonces los católicos estaban a punto de ser los heterodoxos, ahora parece que ya lo son.

2. Ahora son heterodoxos respecto “a nuestro mundo descristianizado”, no respecto a otras religiones.

3. “Mundo cristianizado” es un concepto sociológico. Hace referencia a aquel mundo en que sus instituciones, su cultura, su moral, sus fiestas, los momentos decisivos de la vida de una persona, como el nacimiento o el matrimonio, etc. están informados por el cristianismo. Esas prácticas que articulan la vida de ese mundo se transmiten por tradición.

4. Un “mundo descristianizado” es aquel en que el cristianismo ya no cuenta a la hora de informar los diferentes aspectos de ese mundo. Pero si no cuenta una cosa, cuenta otra. ¿Cuál? Una negación, un vacío. En las entrañas mismas del mundo cristiano nace su negación.

5. Pero siendo imposible la existencia en el vacío, hay que dotar a este de contenido, de doctrina. Es el ateísmo; o el laicismo. Un cristianismo al revés o en imagen. Su vaciado.

6. La encarnación de esa ausencia es la diosa Razón. Sus portavoces son los nuevos clérigos, sabios, según el significado que esta palabra tenía en la Edad media, equivalente a persona culta, letrada, erudita, fuese o no a la Iglesia; recordemos el “mester de clerecía”, al que pertenecía el Infante Don Juan Manuel, por ejemplo. Estos nuevos clérigos son los ilustrados, los “savants”. Pero curiosamente se llaman a sí mismo “laicos” o “agnósticos”, que por oposición a clérigo significa “pueblo”, “inculto”, “el que no sabe”.

7. La Razón se afirma por oposición a la religión, al cristianismo, el cual es asimilado a superstición, algo destinado a ser superado. La Razón se erige en juez de todo, incluida la religión, y decide el lugar y la función que a cada cosa corresponde.

8. La Razón nos descubre verdades sobre el mundo, pero no establece ninguna para el hombre. De hecho su imperio exige que ella esté exenta de toda verdad.

9. La Razón concibe conceptos (concepciones), como “libertad”, “igualdad” o “pueblo”, que personifica, como en la antigüedad se personificaban las fuerzas de la naturaleza. En realidad, detrás de esas palabras apenas hay nada, pero tienen la virtud de justificar conductas o amparar leyes. Las grandes palabras son el nuevo politeísmo, sin importar que cuanto más alto se proclaman más se niegan en la realidad. Por eso no sorprende que en nombre de la libertad se esclavice.

10. Dice J. J. Rousseau en el capítulo VIII, del libro IV de su obra El contrato social, dedicado a la religión civil:

“Hay, pues, una profesión de fe puramente civil, cuyos artículos corresponde fijar al soberano, no precisamente como dogmas de religión, sino como normas de sociabilidad, sin las cuales es imposible ser buen ciudadano y súbdito fiel. No puede obligar a nadie a creerlas, pero puede desterrar del Estado a cualquiera que no las crea; puede desterrarlo, no por impío, sino por insociable, por no ser capaz de amar sinceramente las leyes, la justicia, e inmolar la vida, en el caso de necesidad ante el deber. Si alguien, después de haber aceptado públicamente estos mismos dogmas, se conduce como sí no los creyese, que sea condenado a muerte, pues comete el mayor de los crímenes: mintió ante las leyes”.

11. A esa conclusión llega J. J. Rousseau en el capítulo que cierra su obra “El contrato social. Considera ahí tres tipos de religión: a) la del hombre, sin templos ni altares, limitada al culto puramente interior del Dios Supremo y a los deberes eternos de la moral, es decir, la pura y simple religión del Evangelio; b) la que se limita a un solo país, en la que sus dogmas y culto exterior está prescrito por las leyes, y que considera a los países a los que esa religión no alcanza como infieles y bárbaros; c) el cristianismo romano, a la que llama religión del sacerdote, y que establece una doble jurisdicción, la espiritual y la temporal.

Considera evidente que de estas tres religiones, la peor es el cristianismo romano por romper la unidad social al poner al hombre en contradicción consigo mismo. La teocracia o religión del estado, que eso es la b), sería buena  por unificar el culto divino y el amor a las leyes, haciendo de la patria  objeto de adoración de los ciudadanos, aunque es mala por estar fundada en error. La del hombre, aun siendo sublime y verdadera, pero no está hecha para este mundo; “lejos de conseguir que los corazones de los ciudadanos se fundan con el Estado, los separa de él como de todas las cosas de la tierra“.

12. Siendo el cristianismo puro verdadero, pero no para este mundo, y estando la coherencia de parte de la teocracia, pero siendo falsa, la forma de conservar la coherencia, exigencia de la razón, para este mundo es establecer un ateocracia o religión del estado. A eso apunta el laicismo.

13. Siendo el cristianismo romano el que impide esa coherencia es el que debe ser excluido de toda influencia social, y a lo más tolerado como entidad privada, cuyos estatutos no obligan más que a sus miembros.

14. Ese era el programa de la modernidad. Que fuera iconoclasta, perseguidora del clero y destructora de iglesias no debe sorprender, pues todo eso eran restos de un pasado supersticioso que impedía el nuevo culto a la Patria y a la Razón. Pero aunque adversarios del cristianismo, eran sus herederos, e ignoraron que la fuerza de sus ideales ético-políticos le venía de la religión que abandonaban.

Así, pasadas las efervescencias de la nueva religión atea, en la que se pretendió dotar de carácter sagrado a palabras tales como Razón, Igualdad, Nación o Libertad, también ellas han sido desacralizadas. Y los partidarios de aquella modernidad, envejecidos prematuramente, se hacen más activos contra su viejo enemigo, el cristianismo. Pero saben, creo, que su verdadero enemigo está en el cumplimiento del hijo que engendraron: el nihilismo pasivo. Y este imperio de la nada no unifica, sino que fragmenta y atomiza; tampoco proporciona tolerancia, sino indiferencia. Y la libertad que dice ofrecer, al no encontrar resistencia, al igual que el pájaro sin aire que sustenten sus alas, se precipita en el más triste vacío.

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3 comentarios en “EL ESPACIO VACÍO (NOTAS)

  1. Es muy triste ver al adulto de hoy en día, lleno a reventar por fuera de cosas materiales por las que mataría si alguien osara estropearle alguna, o robarle otra o hasta rayarle su maravilloso coche, y darte cuenta de que, por dentro, está vació de ideales, de principios, de valores, de sueños, de esperanzas, de ilusiones, de solidaridad, de comprensión… Porque todo lo abarca el EGO-ísmo…

    Por eso sería tan hermoso, e importante para salvar a esta sociedad que se está autodestruyendo inconscientemente, que se atreviera a sacar a la luz a ese niño interior que todos llevamos dentro, que hablara con él, que jugara con él, que le dedicara tiempo para aprender todo lo que aprendió en su infancia y lo ha olvidado por completo… Porque ya dicen que sólo los niños y los borrachos dicen la verdad… Y los borrachos es tema delicado, pero los niños lo hacen porque todavía son puros, son inocentes y son sinceros… Y su corazón aún está lleno de verdadero amor que regalan alegremente sin pedir ni esperar nada a cambio… Y es justo esa medicina la que nos salvaría a los adultos de morir ahogados por el sistema de vida que nos hemos montado nosotros mismos…

    Ahora, ¿renunciará alguno a su soberbia, a su vanidad, a su prepotencia para ponerse a jugar con un pequeñín?

    Un beso y una flor para que pases un delicioso finde!!!

  2. Tú lo has dicho: es un simple cuento para ilustrar el concepto de la felicidad… Porque, aunque no lo creas, no son muchos los que saben que la felicidad la llevamos dentro de nosotros, depende de la actitud que adoptamos ante las situaciones y circunstancias a las que nos enfrentamos en el exterior y, por lo tanto, es una decisión que, en función de esa actitud, nosotros tomamos con respecto a si queremos o no ser felices… Tú lo tendrás claro, pero ¿cuánta gente sigue buscando la felicidad en la compra de objetos materiales y son frustados permanentes porque cuando consiguen lo deseado, aparece de nuevo otra cosa nueva que desean y que piensan que, si la consiguen, será esa la que realmente les hará felices, y así eternamente?

    Un saludo!

  3. Gracias, Mónica, por tus comentarios que son un estímulo para precisar mejor nuestro pensamientos y sentimientos. No, yo no tengo nada claro; pero sí creo que la mentalidad actual ha potenciado demasiado el “tener” para ser felices, y poco el “ser”. Tal vez hay ciertos adelantos de lo que es la felicidad en la experiencia de ser útil a los otros… Y eso nos hace descentrarnos de nosotros mismos para vernos reflejados en el otro. No sé si la palabra adecuada es felicidad, gozo o realización, pero en cualquier caso representa un estado de paz con uno mismo.
    Un saludo

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