EDITH STEIN, COPATRONA DE EUROPA

/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:”Tabla normal”;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-priority:99;
mso-style-qformat:yes;
mso-style-parent:””;
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin-top:12.0pt;
mso-para-margin-right:0cm;
mso-para-margin-bottom:12.0pt;
mso-para-margin-left:0cm;
line-height:150%;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:11.0pt;
font-family:”Calibri”,”sans-serif”;
mso-ascii-font-family:Calibri;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-fareast-font-family:”Times New Roman”;
mso-fareast-theme-font:minor-fareast;
mso-hansi-font-family:Calibri;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;}


El 1 de mayo de 1987, el Papa Juan Pablo II beatificó a Edith Stein, judía, filósofa y carmelita descalza como mártir de  la Iglesia Católica. El mismo Papa la canonizó en 1998, dándole por título “Mártir del Amor”. En octubre de 1999 fue declarada copatrona de Europa, junto a Santa Brígida de Suecia (1303 – 1373) y Santa Catalina de Siena (1347 – 1380).

La proclamación de estas tres mujeres motu proprio formaba parte de ese programa de preparación del tercer milenio en el que tanto interés y esperanza había puesto el Papa. Y esa preparación incluía una “renovación y purificación de la memoria” (cardenal Joseph Ratzinguer).

Los patronos de Europa van marcando como hitos en la memoria de una cultura que debe abrirse a aquello que el futuro espera de ella. Benito de Nursia, su primer patrono, aparece como la figura que marca los comienzos de esa Europa identificada con la Cristiandad. San Cirilo y San Metodio recibieron también esa condición de patronos por su labor en la evangelización del mundo eslavo.

Santa Brígida y Santa Catalina aparecen cuando ya esa cristiandad empieza a hacer crisis para dejar paso a la modernidad, en la que la fe se hace más personal e interiorizada.

¿Y Edith Stein? Por un lado, ella es como el resumen y la síntesis del siglo XX. A través de su vida y su muerte puede leerse la esencia de ese siglo. Un siglo en el que el racionalismo, el materialismo y el ateísmo dejaron ver su lado oscuro bajo las formas de la guerra, los campos de concentración y las dictaduras negadoras de la dignidad humana. Pero al mismo tiempo, su vida se alza mostrando a la persona que solamente en Dios se reencuentra y descansa.

Nació Edith Stein en 1891, el 12 de octubre, en la fiesta del Yom Kippur, cuando Europa se veía como cumbre de la razón y llamada a mandar en el mundo. Pero pronto vio como esa imagen que Europa se creaba de sí misma era negada por la guerra que la asoló en el periodo de 1914 a 1917. Y Edith Stein vivió esa manifestación de la sinrazón que ocultaba el racionalismo europeo tratando de curar las heridas y sufrimientos que causaba esa guerra en un hospital militar austriaco.

Ahora ya no tengo una vida propia“, escribió al empezar la guerra. Aquella mujer, que había decidido libremente dejar de rezar, sentía, sin embargo, la necesidad de asumir la circunstancia que le había tocado vivir y tratar de aliviar los destrozos que en los jóvenes, en los seres humanos, causaban la ambición y la desconfianza de las naciones europeas. “Si los que están en las trincheras tienen que sufrir calamidades, ¿por qué he de ser yo una privilegiada?“. Los heridos y enfermos de tifus que atendía en el hospital le mostraban esa cruz no deseada, pero que se le imponía obligándola a alejarse de su ego. Encontraba la libertad que tanto deseaba renunciando a ella.

La feminista, cuya religión había quedado entre paréntesis, iba a ir acercándose a la fe cristiana por un camino no previsto. El camino de los hechos, aparentemente sencillos, o precisamente por sencillos, son de gran resonancia en un espíritu ansioso de verdad. Uno fue algo cotidiano, una mujer del pueblo, con su cesta de la compra, anónima, que entra en la catedral de Frankfurt para rezar durante un rato. Es algo que podemos ver en muchos de nuestros pueblos y ciudades: alguien que entra en un templo para rezar durante unos instantes. ¡La de cosas que hay para presentar a Dios o pedir a algún santo para que interceda por uno! Se trata de conversaciones íntimas, de la zona más reservada de nuestra ser a la que solamente Dios puede acceder.

La sensibilidad y la razón de Edith Stein quedaron suspendidas. Todo un descubrimiento. “Esto fue para mí algo completamente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que he frecuentado los creyentes acuden a las funciones [religiosas]. Aquí, sin embargo, una persona entró en la iglesia desierta, como si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido“. La fe pertenece a ese reducto íntimo que hace que la iglesia pueda estar vacía, pero no desierta, pues lugar de encuentro con el Dios que escucha y habla. Allí se manifiesta la misericordia divina.

Otro hecho fue la visita que hizo a la esposa de Adolf Reinach, muerto en Flandes en 1917, y con quien tenía una gran amistad. Se trataba de una visita incómoda. ¿Qué decir a quien crees abatido por el dolor? Y se encontró que aquella persona, sí, estaba profundamente afectada, pero al mismo tiempo con una gran serenidad y fortaleza interior. Encontraba en la actitud de aquella mujer la misteriosa fuerza de la cruz. “Este fue mi primer encuentro con la cruz y con la divina virtud que ella infunde a los que la llevan. Entonces vi por primera vez y palpablemente ante mí, en su victoria sobre el aguijón de la muerte, a la Iglesia nacida de la pasión del Redentor. Fue el momento en que mi incredulidad se desplomó y Cristo irradió, Cristo en el misterio de la cruz“.

El ateísmo que durante aquellos años había profesado se disipaba ante el hecho de la manifestación de Dios en aquellas personas. En la lectura del Libro de la vida de Santa Teresa de Jesús encontró la formulación de la respuesta que buscaba y el encuentro con la que sería su maestra interior. “Esta es la verdad“, se dijo tras la lectura apasionada de este libro.

Tras esto vino su conversión al catolicismo, su bautismo, su vida de oración y compromiso por humanizar el mundo que le había tocado vivir, hasta sentir que era llamada a la vida del Carmelo, “…pues el Carmeloescribe en una carta a una religiosa el 27 de agosto de 1933- es una alta montaña a la que hay que subir desde abajo. Pero ya es una copiosa gracia andar por este camino. Y puede usted creer que en mis horas de oración me acuerdo siempre especialmente de aquellas personas que desearían hallarse en mi lugar. Ayúdeme a ser digna de vivir en el santuario más íntimo de la Iglesia, y a representar a los que tienen que desarrollar su vida en medio del mundo…

En el Carmelo, ahora convertida en Teresa Benedicta de la Cruz, continuará su camino de fe y su obra científica. En 1936 con concluye su obra “El ser finito y el ser eterno“, en la que muestra como el deseo de conocer la verdad se entiende desde la realidad de lo eterno y lo transcendental, y como en el fruto de ese deseo confluyen la fe y la razón. Y frente a la verdad de la modernidad, que se resuelve en “tener razón” y negación del hombre, la Verdad que nos posee se transforma en amor, sin el cual esa verdad se niega a sí misma.

Quien un día decidió dejar de rezar, dirá ahora en esta obra: “Mi ser, tal como yo lo veo y cómo en él me veo, es un ser vacío; yo no soy por mí misma, y por mí misma soy nada; en todo momento estoy ante la nada, y cada momento es un nuevo regalo del ser […] Y, sin embargo, este ser vacío es un «ser», y yo toco en cada momento la plenitud del ser“. Y añade poco más adelante: “Pues a la innegable realidad de que mi ser es un ser fugaz, prorrogado momento a momento y expuesto a la posibilidad del no-ser, corresponde otra realidad igualmente innegable: que a pesar de mi caducidad, yo soy, y soy conservado en el ser en cada momento, y que mi ser fugaz implica un ser permanente. Yo me sé conservada, y en eso tengo yo mi descanso y seguridad; no la seguridad autosuficiente del hombre que está de pie, por sus propias fuerzas, sobre un terreno seguro, sino la dulce y bienaventurada seguridad del niño sostenido por unos brazos fuertes. Esta seguridad, bien mirado, no es menos racional. ¿O sería un niño racional el que viviera continuamente bajo la angustia de que su madre le puede dejar caer de sus brazos?”.

Por el camino oscuro de la fe, con la confianza del niño, encontró la verdad en la que la razón descansa. La fe que es “revelación de Dios como el que es, como el creador y el conservador, y en las palabras de Redentor: el que cree en el Hijo, tiene ya la vida eterna“. Y en esa fe vislumbró la vida de Dios como amor, cuya esencia es la entrega. “Dios, que es el amor, hace donación de sí mismo a las criaturas que Él ha creado por amor“.

En el Carmelo aún vivió más intensamente la persecución de los judíos por el nacionalsocialismo. Una persecución a que ella llamó “una persecución a la Humanidad de Jesucristo“. Pero en la muerte del Dios-Hombre se encuentra la ciencia de la cruz. “No se puede adquirir la ciencia de la Cruz más que sufriendo verdaderamente el peso de la cruz. Desde el primer instante he tenido la convicción íntima de esto y me he dicho desde el fondo de mi corazón: Salve, oh Cruz, mi única esperanza“. Ella sabía íntimamente qué es lo que siempre permanecería. En una conversación pocos días antes de su muerte dijo: “El mundo está lleno de contradicciones; en último término nada quedará de esas contradicciones. Sólo el gran amor permanecerá. ¿Cómo podría ser de otra manera?

Amante de su pueblo, al que no solamente no renunció, sino que se sintió más unida tras su conversión al catolicismo, participó de su suerte. Sacada por las SS del convento de Echt (Holanda), donde se había refugiado, junto a su hermana Rosa, la llevan al campo de concentración de Mersfort. Es el 2 de agosto de 1942. A los dos días, la pasan al campo de Westerbork. Está dentro de lo que los nazis llamaron “la solución final”, que no era otra cosa que la crueldad extrema y absurda. El 7 de agosto, de madrugada, emprenden su traslado, junto a su hermana y otros más de mil judíos, a Auschwitz. Allí llegan el 9 de agosto. Los prisioneros fueron directamente conducidos a la cámara de gas. Los restos de esta persona bondadosa, serena y generosa fueron a parar a una fosa común.

Se ha dicho que después de Auschwitz no se pueden hacer poemas. O que no se puede pensar. O que Dios quedó desterrado de los hombres. Creo, por el contrario, que Auschwitz nos apremia a seguir haciendo poesía, a seguir pensando y, por lo menos, a seguir buscando a quien asume todo el dolor y el sufrimiento humano.

Auschwitz mostró todo el mal que el hombre es capaz de hacer. Pero también mostró como el hombre puede resistirse a que su lazo íntimo con el Creador le sea arrebatado y entrar en la cámara de gas musitando una oración. Que las víctimas de la crueldad siempre serán más fuertes que sus verdugos.

Si San Benito señaló el camino en la fundación de Europa, Edith Stein, junto a los otros copatronos, señala el camino de su refundación.

/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:”Tabla normal”;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-priority:99;
mso-style-qformat:yes;
mso-style-parent:””;
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin-top:12.0pt;
mso-para-margin-right:0cm;
mso-para-margin-bottom:12.0pt;
mso-para-margin-left:0cm;
line-height:150%;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:11.0pt;
font-family:”Calibri”,”sans-serif”;
mso-ascii-font-family:Calibri;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-fareast-font-family:”Times New Roman”;
mso-fareast-theme-font:minor-fareast;
mso-hansi-font-family:Calibri;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;}

Anuncios

2 comentarios en “EDITH STEIN, COPATRONA DE EUROPA

  1. estoy jugando con telcel para irme al mundial en un jueguito para el celular desde sms. se trata de robar el balón a otros a través de envíos de sms. el que tenga el balón más tiempo gana un viaje a sudáfrica o a otros partidos y finales de ligas fuera de méxico. ahí les va el link: http://bit.ly/cUlt9

  2. Metanoia no conocìa la historia de Santa Edith; qué escabroso el camino para llegar a la santidad. Y tanto santo anònimo, silencioso, que no sabe el mundo las dificultades de esa persona, sobrellevadas con fe, con paciencia. Y coincido en tu reflexiòn, que ese tiempo pavoroso de Auschwitz mostrò la crueldad inaudita y salvaje a que puede llegar el ser humano, pero tambièn la bondad y grandeza del espíritu de tantas gentes que dieron la vida por otro como el santo Polaco Kolbe que Juan Pablo canonizò igual que a Santa Edith…. aun hay esperanza para el género humano.

    Un beso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s