PRIVILEGIOS Y DERECHOS

1. Alguien muy amigo y con quien mantengo una correspondencia regular, me comunica que la salud de su esposa no es buena. Le han descubierto un cáncer de mama. Debe pasar por el quirófano y después seguir un tratamiento de quimioterapia. Me dice que llevaba un tiempo padeciendo diversas dolencias, pero esta última es la que más le preocupa. Le escribo interesándome por ellos y, entre otras cosas, le pregunto por su estado de ánimos.

2. En su respuesta, mi amigo, después de referirme el diagnóstico y sus inevitables preocupaciones, acaba diciéndome que no obstante, “como nosotros siempre hemos vivido considerando todo aquello de que disfrutamos como un privilegio y no un derecho, afrontamos la enfermedad con calma y paz interior, determinados a hacerle frente y aceptar lo que venga, aunque no puedas dejar de pensar en ello…”.

3. Lo de “privilegio y no un derecho” me ha dado que pensar. Nos hemos nutrido de una mentalidad en la que los derechos es uno de sus pilares. Nos consideramos con derecho a ser servidos por la ciencia, poder gozar de beneficios sociales, como la atención médica, o disponer de prestaciones económicas por desempleo. Poco importa que en poco o nada hayamos contribuido al desarrollo de esa ciencia o entendamos de los complejos procesos de producción necesarios para producir teléfonos celulares a precios económicos. A todo eso y mucho más cosas tenemos derecho, y es propio de las promesas políticas ampliar los derechos de los ciudadanos.

4. “Derecho es la facultad de hacer todo aquello que no está prohibido y exigir lo que la ley dicte a nuestro favor”. Se trataba de una definición provisional que recogía la vertiente subjetiva de la compleja noción de derecho. La usaba como estribo que me ayudara a montar sobre la difícil reflexión del mundo del derecho.

Eliminar prohibiciones y establecer normas que satisfagan aspiraciones de las gentes ensancha ese continente de los derechos que se descubrió en las luces del siglo XVIII como medio de encauzar la aspiración a la libertad. La faz subjetiva del derecho se hace razón objetiva en las normas que intentan regular la convivencia social.

5. Nada hace más feliz al hombre que seguir su gusto. Poder hacer lo que quiera, entendiendo por querer el deseo que nunca se agota. Y a los derechos que representan lo que es recto y justo sigue la demanda de los que satisfacen el gusto.

Y eso da como resultado una mentalidad exigente, con una exigencia exógena, hacia los otros, hacia todo aquello que consideramos destinado a darnos gusto. Aunque por más alto que se proclame el derecho, el hecho sigue su propia ley.

Siendo propio del derecho el tener que serlo para todos, no puede evitar el ser algo impersonal que uno se encuentra, sin que su exigencia responda a mérito o esfuerzo alguno. Por eso los derechos sencillamente se tienen.

6. Sentirse privilegiado es otra cosa. Suele entenderse por privilegio ciertos beneficios caprichosos de los que algunos gozan. Pero quien dice sentirse privilegiado no está refiriéndose a ninguna posesión azarosa, sino que habiendo experimentado algunos de los límites de la existencia, siente su situación como una ley privada, un privi-legio, otorgada personalmente y que debe sostenerla con su esfuerzo. Está agradecido por aquello que se le ha otorgado gratuitamente y exige de él esfuerzo y compromiso, consciente de que le puede ser arrebatado sin posibilidad de reclamación.

7. “¿Por qué a mí no?”, dice el que siente la vida, el haber nacido en tal lugar, su salud, o la fortuna que le tocó en suerte como un privilegio. Nada de eso era algo suyo, sino préstamo. Nacidos del trato esforzado con la realidad, esa misma realidad le hace obediente a ella en una actitud de noble aceptación.

El derecho, artificialmente nacido de las aspiraciones y gusto de los hombres, mueve a intentar elevarse inútilmente por encima de los hechos. “¿Por qué a mí?”.

8. Quien sabe que nacer en una sociedad que sanciona derechos que son respetados es un privilegio, usa de esos derechos con conocimiento y los ajusta a la realidad de lo que es bueno para así no solamente tenerlos, sino hacerse digno de ellos.

Saberse un privilegiado es el primer paso para sentirse agradecido y abrir el corazón a quien nos comprende y es más grande que nosotros.

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8 comentarios en “PRIVILEGIOS Y DERECHOS

  1. Muy buena la distinción terimológica, pero rescato sobre todo la actitud de tu amigo y su esposa que afrontan con valentía y serenidad el acontecimiento de su enfermedad que se necesita mucho para salir adelante. Dios quiera que pronto se alivie.

    Un beso.

  2. El derecho sin obligaciones conduce al caos. La libertad que no se sabe incluida dentro de algo termina estallando siempre. No hay libertad sin límites.

  3. Te deseo un feliz año renovado, Magaterrenal. Sí, la vida demanda siempre valentía y conciencia de la realidad, junto a un corazón generoso.

  4. Gracias, Jo, por tu comentario. Feliz el año que nos ofrece la oportunidad de seguir adelante. Tienes razón, un derecho que no nos empuja a una misión resulta vacío. La libertad de hacer va acompañada de la resistencia de los materiales que necesita para su obra. ¿Qué juego sería posible sin reglas?

  5. Pero el derecho también es coercitivo y responde a intereses y lógicas de un sistema controlador, dominador, sometedor, aunque contribuya a mantener cierta armonía en las relaciones sociales. Así que cuando me siento privilegiado de algo o por algo, es una percepción subjetiva objetivada en ese agradecimiento a la vida; digo, porque no puedo sentirme privilegiado de tener un sistema legal que no se aplica por igual a todos dada su afiliación clasista.
    Pero vale la pena retomar la aplicación concreta del concepto en el caso del ejemplo que mencionas: he recibido sin exigir, lo agradezco de todo corazón y no culpo a nadie del desenlace final. Como observamos: se recibe, se acepta y se compromete, lo cual no implica que todo sea igual en todas las circunstancias. Espero hacerme entender.

    Saludos y un gran abrazo amigo y gracias por dejar tu comentario en mi blog que también es tuyo.

  6. Mira, mira José Luis, un allegro diferente de Vivaldi:

    #at=120

  7. Tienes razón, Rajugo, el derecho, en tanto que conjunto de normas dictadas por la autoridad “competente” para regular la convivencia es también coercitivo. El privilegio tiene siempre un carácter privado, personal, otorgado para un fin particular. El tomar ciertas situaciones como privilegio significa que no es algo mío, sino algo que se me ha dado con una finalidad y que me obliga a vivirlo “en desprendimiento”. Por ejemplo, los hijos son privilegio que tengo, los tengo, pero no son míos, y eso hace que no pueda usar de ellos a mi capricho o como una posesión mía con la que hago lo que quiero.
    El sistema legal en el que se vive no tiene porqué ser considerado ningún privilegio en la medida que se aparte de la justicia o no sea igual para todos.
    Pero reconozco que el tema del derecho es bastante complicado.

  8. Ya ves, Maga, lo maravillosa que es la voz humana. Si la música es una de las artes que mejor refleja lo divino, la voz, cuando nace de la armonía y la gratuidad con que fue recibida, muestra la belleza de lo real. Claro que la corrupción de lo óptimo es lo pésimo, y también puede mostrar una gran fealdad en el odio y la vulgaridad.

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