SENTIR LA NATURALEZA

“…pues, partiendo de la grandeza y la belleza de lo creado, se puede reflexionar y llegar a conocer a su creador.” (Sab. 13, 5).

“El cielo proclama la gloria de Dios; de su creación nos habla la bóveda celeste”  (Sal. 19, 1).

“Todo lo que Dios ha hecho es bueno; él, a su tiempo, provee para todas las necesidades” (Eclo. 39, 16).

Sentir la grandeza y la belleza de lo creado. Ese es el punto de partida. Unos sentidos que experimentando la naturaleza en sus mil formas y estados se han hecho sentimiento que ama y se deleita con la creación. Para quien así siente respetar y cuidar la naturaleza es también algo natural, no un imperativo moral nacido de ideología alguna.

Lo sentido lleva a la confirmación de la racionalidad intrínseca de ese respeto por la creación y la admiración por el Creador. Quien así siente, aun cuando no lo sepa, se está acercando a Dios.

El señor Gaspar, difunto hace ya cuatro años, vivió siempre de su huerto, sus trozos de tierra de secano y sus animales. Nunca hizo vacaciones ni fue mucho más allá de su pueblo. Pero se entusiasmaba con la belleza de los tomates, berenjenas o pimientos de su huerto, los olivos que prometían aceite y hablaba con sus cabras y ovejas mientras les daba de comer u ordeñaba. Con él el corral estaba en paz, pues en seguida se daba cuenta si una gallina estaba enferma o una cabra nerviosa o faltaba agua para que bebieran los animales. Nunca supo de ecología, ni falta que le hizo, pues era naturalmente ecológico. Pero para él era muy fácil entender las razones que respaldan el respeto que hay que tener por el medio ambiente, la procedencia divina de las maravillas de la creación y su papel de mayordomo amoroso de lo creado.

Un sentimiento verdadero por bueno, reflexionado, puede generar muchos pensamientos bellos que den cuenta de él. Sin embargo, las razones por sí solas no son capaces de generar un sentimiento que mueva al respeto y el amor espontáneo; puede, sí, establecer imperativos morales…

Para sentir la belleza y bondad de la creación es preciso tratarla, necesitarla, experimentarla con nuestros sentidos y, también, convivir con quienes disfrutan de ella. Hay ecologistas que se nos hacen antipáticos porque lo que ellos transpiran no es amor por las criaturas, sino alarma, resentimiento por la ciudad y su cultura, cansancio civilizatorio. Mucho de lo que dicen es muy verdadero, pero quien lo dice no lo es tanto.

Para quien siente el medio como la casa que debe cuidar y hermosear, reducir, reutilizar y reciclar no es una mera fórmula o norma a seguir, sino una forma de vida que vale la pena y nos ayuda en nuestra disciplina espiritual. Reducir significa llevar una vida sencilla, sobria, de pobreza evangélica que libera energías y tiempo para dedicarlos a aquello que es más propio de nuestra naturaleza: una vida espiritual. Reutilizando los materiales desarrolla su ingenio y poniendo de manifiesto el carácter abierto de las cosas: una piedra puede significar una linde, un elemento de construcción, un proyectil, un elemento decorativo, un asiento… ¡Cuántas cosas se ven en los contenedores de la basura que podrían aprovechar!

Y cuando las cosas han llegado a un estado cuya reutilización no está a nuestro alcance, podemos desecharlas selectivamente para que sean recicladas y nos provean de nuevas materias…

Pero la primera actitud es fundamental: adoptar un estilo de vida sencillo. ¡Son tantas las cosas que no necesitamos ni nos ayudan en nada!

Todo lo que Dios ha hecho es bueno. Y Él no abandonará su creación, pues también ella espera ser liberada de “la esclavitud y el sufrimiento” (Rom.8, 21-22).

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6 comentarios en “SENTIR LA NATURALEZA

  1. Buen post. Sentir la naturaleza, amarla y respetarla. Con solo hacer eso, ya ganamos mucho.

  2. Eso me parece. Sentirla significa tratarla, observarla, escucharla… Y también captar su dignidad como obra de Dios.

    Un saludo

  3. Me permito hacer una puntualización a tu artículo. Dices:

    “Hay ecologistas que se nos hacen antipáticos porque lo que ellos transpiran no es amor por las criaturas, sino alarma, resentimiento por la ciudad y su cultura, cansancio civilizatorio. Mucho de lo que dicen es muy verdadero, pero quien lo dice no lo es tanto”

    Debo decir a esto que lo uno no está reñido con lo otro: se puede sentir alarma, resentimiento por la ciudad y cansancio civilizatorio, y al mismo tiempo AMOR a las criaturas y amor a la naturaleza. De hecho, ese resentimiento de que hablas puede estar motivado por la falta de amor y de respeto a esas criaturas que el hombre destruye. En cualquier caso, me parece que juzgas al que denuncia (al ecologista) no por lo que dice sino porque te parece que no siente lo que dice. Esto supone un juicio de valor para mí infundado. Las razones por las que uno es ecologista son muchas y no nos corresponde a nosotros indagar en ello. Lo que importa es que el ecologista denuncie la situación y que sus denuncias se funden en la verdad. Un saludo.

  4. Gracias Jo por tu comentario y por ayudarme a perfilar la ideas. Apenas hay nada en tu comentario con lo que no esté de acuerdo. Supongo que te has dado cuenta de la cautela que hay en mi afirmación al de cir “hay”, lo cual le quita todo intento de universalización. Simplemente me remitía a experiencias personales con algunos que con poco conocimiento del medio en el que se asientan y hablando bastante de memoria en estos temas se dedican a censurar prácticas de los que viven desde siempre en ese medio. Podría ponerte algunos ejemplos, pero como sosn actitudes que no considero representativas no vale la pena.

    No había pensado en juzgar a nadie, aunque sí señalar que reducir la distancia en lo que se hace, se dice y se piensa va bien. Y creo, además, que tan necesario es un ecologismo del medio natural como un ecologismo del medio civilizado. Una ciudad más humana y austera también ayuda a la naturaleza.

    Tengo para mí que cuando una denuncia va acompañada de la autoridad moral que dan los motivos claros eso le da una gran fuerza a la causa.

    Gracias de nuevo y te felicito por tu blog.

    José Luís

  5. Cierto, el ecologismo centrado en las ciudades es muy importante, porque a las ciudades les falta un poco de aire limpio, un poco de aire sano. Te espero en mi blog, para comentar en blogspot.com tienes que poseer una cuenta en hotmail.com, luego te pide un código de acceso; en fin, habrá que seguir las instrucciones.

  6. Gracias, Jo. Tendré en cuenta lo que me dices. En cuanto a las ciudades, como expresión del quehacer humano, son fuente de reflexión también.

    ¡Feliz domingo!

    José Luís

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