EL GLADIADOR TOMA LA DECISIÓN EN LA ARENA.

Recuerda Séneca a su amigo Lucilio un viejo aforismo: “El gladiador toma la decisión en la arena[1].

La virtud de los aforismos es que nos obligan a pensar. Nos avisan de algo que nosotros hemos de descubrir. Un algo que no se agota en una interpretación igual para todos, sino que cada cual podrá hacer su aportación de acuerdo con la aplicación que le haya encontrado.
En este caso nos avisa de que es la situación concreta, experimentada directamente, la que nos debe decir la conducta a seguir.
Para eso el gladiador ha de estar entrenado concienzudamente. El no espera pasivamente a que se presente la situación, sino que diariamente se entrena con la esperanza de que llegado el caso podrá responder mejor a las dificultades.
Es esa maestría alcanzada mediante el entrenamiento la que le permite estar atento a lo que ocurre, escuchar y ver lo que esa situación le dice para que sea la realidad misma la que le dicte la mejor respuesta.
Los deseos, preocupaciones y temores son como un cristal tintado que nos impide ver las cosas adecuadamente. Ellos nos empujan a elaborar planes que, por concienzudos que sean, siempre quedan en el lado interno del cristal. Y eso, a veces, dificulta nuestra acomodación al caso. Creo que es preferible esa preparación amplia y remota que se transforma en un pañol de recursos para enfrentarse con la realidad.
Es frecuente que los estudiantes se pregunten y pregunten para qué sirve tal cosa. Especialmente esto suele ocurrir con materias como la literatura o la filosofía. Una pregunta muy razonable, pues sin ver la finalidad de lo que hacen difícilmente le encuentran sentido. Una respuesta conceptual, explicativa, puede ser sospechosa de querer convencer de algo cuya evidencia no aparece por ningún lado. Pero se puede seguir otra vía. Invitar a quien plantea esa duda a que trate de responder para que sirven una serie de cosas tomadas al azar. Cosas tales como el teléfono, un lápiz, pasear, la mesa, un árbol en medio del desierto, la familia y una estrella lejana en el firmamento.
Siempre me he encontrado que a todas las cosas propuestas se le ha encontrado una utilidad, y que es precisamente en las más chocantes (árbol en medio del desierto, estrella lejana) donde las respuestas son más variadas y creativas.
Efectivamente, es en la arena donde el gladiador toma las decisiones. Pero para que estas sean acertadas debe llegar a la arena lo mejor entrenado y equipado posible. Poco puede decidir sobre su oponente, pero sí respecto de sí mismo.
Hay padres que se preguntan qué mundo se encontrarán sus hijos. Tal vez sea más útil centrarse en qué hijos se encontrará ese mundo.

[1] Séneca. Cartas a Lucilio III, 22

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