NOTAS A LA CARTA “PORTA FIDEI” DE BENEDICTO XVI (4)

“Atravesar esa puerta [la de la fe] supone emprender un camino que dura toda la vida.” Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22)”.

Y la primera palabra que retiene mi atención es la de “camino”. Una imagen para acercarnos a la naturaleza dinámica de la fe. Un camino, pues también hay otros: el del tener cuanto más mejor, el del poder, el del placer, el del dejarse llevar, el de la comodidad, el de la indiferencia…

“Camino” nos evoca las palabras que el Papa Benedicto XVI dirigió a los jóvenes congregados en Marienfeld en las Jornadas Mundiales de la Juventud de 2005, en Colonia. Allí habló de la peregrinación del los Reyes Magos. Esa peregrinación tuvo dos momentos: un camino exterior que les llevó ante el niño con María en Belén y un camino interior de conversión por el que se transformaban sus ideas sobre el poder, sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo.
En Belén los misteriosos Magos descubrieron algo realmente nuevo e inesperado que les hizo hincarse de rodillas y adorarlo. Habían alcanzado su meta. Pero era una meta volante. Ahora había que digerir todo lo descubierto. Y viene el camino de vuelta “por otro camino”.

En el rito del bautismo se pregunta al que va a ser bautizado o su padrino: “¿Qué pides a la Iglesia de Dios?”. Y responde: “¡La fe!”. Y eso recibe. Pero solamente una semilla. Unos balbuceos de fe a partir de los cuales irá aprendiendo la lengua en que se expresa la comunidad cristiana a la que ha quedado incorporado. Y con ella poder emprender ese peregrinar que le lleve a Belén.

Así el bautizado se incorpora a esa caravana en la que hay de todo, pues todos son principiantes y unos aprovechan mejor el camino que otros. Pero eso los peregrinos no pueden saberlo. Un pueblo peregrino no es un club en el que solamente entran los que reúnen determinadas condiciones. En la caravana los hay nacidos en el camino, incorporados buscando compañía, los que sueñan con la meta y también los que nos avanzan la belleza del término del viaje. De todos se aprende y todos colaboran de un modo u otro a la marcha.

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