… CON AUTORIDAD.

…Y se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas (Mc 1,22).

homilia9b

Hablar con autoridad podría oponerse a “hablar de memoria”. Hablar de  memoria equivale hablar de lo que se ha oído o leído, hablar de acuerdo con lo que otros han dicho. Es a esto a lo que los filósofos griegos llamaban doxa (δόξα), normalmente traducido por opinión, y que cierta interpretación de Parménides ha hecho que doxa se entienda como conocimiento engañoso. En realidad lo que se dice no es que sea necesariamente falso, sino solamente que sus afirmaciones no están asentadas sobre la visión de lo que realmente son.

Hablar con autoridad es un hablar en el que el que habla sabe (= ha visto) lo que dice. Es el hablar de un testigo presencial de lo que dice. Lo que dice no viene de oídas o leídas, sino de una experiencia directa con lo que las cosas son, con el ser. Seguramente eso quería decir Heráclito cuando afirmaba que “mucha erudición no enseña comprensión…”(B.40).

Los escribas, también llamados maestros o doctores de la ley, son el contrapunto de esta autoridad nacida de la experiencia directa de lo que se dice. Ellos tenían la función de interpretar la Ley mosaica y sacar de ella las normas que debían regular la vida de los judíos. Este conocimiento de la Escritura  los hacía doctos, pero al mismo tiempo marcaba una distancia entre sus palabras y lo que ellas pretendían significar. Una distancia en la que cabe preguntarse “¿y qué sabrá [= y qué habrá visto] él de lo que dice?”.

Precisamente este no haber distancia entre las palabras y las cosas significadas es lo que hace que el hablar con autoridad vaya acompañado de sinceridad, en el sentido más originario de esta palabra, que es el de sencillo, puro, simple, sin mezcla. El hablar con autoridad es un hablar cristalino, transparente a la verdad.

Y esto asombraba a quienes asistían ese día a la sinagoga, y por eso escuchaban. Las palabras adornadas de esa autoridad tienen como primera consecuencia provocar respeto. Por eso provocan el silencio, necesario para  poder ser escuchadas. Aquellas palabras tenían peso, consistencia y fundamento.  Palabras así son las que facilitan el encuentro entre las personas. Son inusuales y nos muestras la realidad en su frescura originaria.

Vivimos en un mundo de voces, voces multiplicadas y ampliadas gracias a los llamados medios de comunicación. Entre tanto ruido ¿cómo distinguir lo verdadero de lo falso en cada caso?

Muchos, queriendo hacerse escuchar, entran en el vocerío y se ponen al día en el uso de las modernas tecnologías de la comunicación. Pero me temo que la cuestión no está tanto en actualizarse como en ver la manera de liberarse de una actualidad que aturde y oprime.

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