‘Aires del Carmelo’, de Cor Nou

Tuve la fortuna de asistir, junto con mi esposa, a este magnífico recital de poemas que se hizo en el monasterio de Carmelitas de mi barrio. De una forma muy sencilla, pero de gran calidad, se logró el objetivo del recital: hacer de él un plegaria, al tiempo que nos facilitaba el acercamiento a la gran contemplativa que fue Santa Teresa de Jesús. Los diferentes poemas iban precedidos de una introducción, breve, pero esencial, con frases recogidas principalmente del libro de la Santa titulado Vida. Lo que aquí se ve es una pequeña muestra de lo que fue ese recital. Hay en los autores la intención de editarlo en un CD cuando puedan, pues no faltan dificultades para hacerlo, pero tampoco voluntad si con ello hacen un bien.

En la capilla, llena al completo había un gran recogimiento. Después, en otra sala, se pudo compartir lo vivido con los autores de este recital y otros asistentes al acto. Fue muy enriquecedor.

Felicito a Anna e Immanuel por traernos a través suya esos aires del Carmelo, que tanta falta nos hacen.

Y también me uno y mucho a esas monjas carmelitas que allí resisten y me facilitan poder rezar vísperas en ese lugar privilegiado de silencio y meditación, al que los tiempos castigan con cierta indiferencia. Pero Dios no dejará de asistirlas y para siempre quedará el mucho bien que han hecho a este barrio.

Teresa, de la rueca a la pluma


corAnna Ludevid e Immanuel Elgström residen en Cardedeu (Barcelona) y han ido dando cuerpo al proyecto Cor Nou a lo largo de los últimos años, desde el seno de su vida familiar, impulsados por su vida de fe en Jesús y su relación con él. Se dedican a los aspectos más diversos de la (“nueva”) evangelización, tanto en el ámbito diocesano, parroquial y de pequeños grupos.

Con motivo del V Centenario, están desarrollando un nuevo proyecto con el nombre de “AIRES DEL CARMELO”. Se trata de un conjunto de cantos en castellano extraídos de los textos originales de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Es un buen momento para dar a conocer la fuerza espiritual y mística de los poemas de amor a Dios compuestos por estos santos contemplativos. Aunque escribieron hace tanto tiempo, siguen siendo de una gran actualidad. En un tiempo de agitación como el nuestro, estamos sedientos por sentir la voz de Dios que…

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… CON AUTORIDAD.

…Y se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas (Mc 1,22).

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Hablar con autoridad podría oponerse a “hablar de memoria”. Hablar de  memoria equivale hablar de lo que se ha oído o leído, hablar de acuerdo con lo que otros han dicho. Es a esto a lo que los filósofos griegos llamaban doxa (δόξα), normalmente traducido por opinión, y que cierta interpretación de Parménides ha hecho que doxa se entienda como conocimiento engañoso. En realidad lo que se dice no es que sea necesariamente falso, sino solamente que sus afirmaciones no están asentadas sobre la visión de lo que realmente son.

Hablar con autoridad es un hablar en el que el que habla sabe (= ha visto) lo que dice. Es el hablar de un testigo presencial de lo que dice. Lo que dice no viene de oídas o leídas, sino de una experiencia directa con lo que las cosas son, con el ser. Seguramente eso quería decir Heráclito cuando afirmaba que “mucha erudición no enseña comprensión…”(B.40).

Los escribas, también llamados maestros o doctores de la ley, son el contrapunto de esta autoridad nacida de la experiencia directa de lo que se dice. Ellos tenían la función de interpretar la Ley mosaica y sacar de ella las normas que debían regular la vida de los judíos. Este conocimiento de la Escritura  los hacía doctos, pero al mismo tiempo marcaba una distancia entre sus palabras y lo que ellas pretendían significar. Una distancia en la que cabe preguntarse “¿y qué sabrá [= y qué habrá visto] él de lo que dice?”.

Precisamente este no haber distancia entre las palabras y las cosas significadas es lo que hace que el hablar con autoridad vaya acompañado de sinceridad, en el sentido más originario de esta palabra, que es el de sencillo, puro, simple, sin mezcla. El hablar con autoridad es un hablar cristalino, transparente a la verdad.

Y esto asombraba a quienes asistían ese día a la sinagoga, y por eso escuchaban. Las palabras adornadas de esa autoridad tienen como primera consecuencia provocar respeto. Por eso provocan el silencio, necesario para  poder ser escuchadas. Aquellas palabras tenían peso, consistencia y fundamento.  Palabras así son las que facilitan el encuentro entre las personas. Son inusuales y nos muestras la realidad en su frescura originaria.

Vivimos en un mundo de voces, voces multiplicadas y ampliadas gracias a los llamados medios de comunicación. Entre tanto ruido ¿cómo distinguir lo verdadero de lo falso en cada caso?

Muchos, queriendo hacerse escuchar, entran en el vocerío y se ponen al día en el uso de las modernas tecnologías de la comunicación. Pero me temo que la cuestión no está tanto en actualizarse como en ver la manera de liberarse de una actualidad que aturde y oprime.

HAY ESPERANZA.

Los mártires de Irak, Siria, Nigeria o de otros países en su dolor y sufrimiento son una esperanza para los cristianos y para el mundo. Esos niños, en las palabras de Miriam, muestran una profunda fe, confiados en que Dios les ama y aunque esperan que ISIS no los asesine, ellos piden que Dios perdone a sus asesinos y piden por ellos. Lo que Miriam dice nos hace ver como ha interiorizado la fe vivida en la familia, sencilla y actuante. Grande el testimonio de esta niña.

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“Muero porque no muero”, nuevo disco de Juan Santamaría

A la belleza del poema teresiano, a la hondura de su experiencia mística, se le une una voz de gran personalidad, como es la de Juan Santamaría…

Teresa, de la rueca a la pluma

pruebaJuan Santamaría, cantante hispanoluso y primer cantante de fado en España, ha sabido unir la poesía de los grandes escritores de la literatura en lengua española con el fado, música y alma de Portugal.

Dedicó dos discos al Nobel de Literatura español: Juan Ramón Jiménez, donde musicalizó en fado sus poemas obteniendo una gran crítica de público y prensa.

Llevó a cabo una extensa gira por España, Portugal y EEUU, presentando dichos discos en prestigiosas salas de espectáculos.

Con motivo del V centenario del nacimiento de la escritora y doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús, Juan Santamaría va a editar un disco donde une la poesía de la gran mística de Ávila con el fado, música que está relacionada con el misterio de la vida y la muerte que la Santa refleja en sus poemas, especialmente en “Vivo sin vivir en mí (Muero porque no muero)” que será el título de…

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LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y SUS LÍMITES. (Reflexiones en torno a “Je suis Charlie Hebdo”).

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su Artículo 19, dice:

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

De los 30 artículos que componen la Declaración Universal de Derechos humanos, los dos últimos, el 29 y el 30, los dedica a los deberes hacia la sociedad y las limitaciones legales de esos derechos.

Artículo 29 dice:

  1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.
  2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
  3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Y el artículo 30 dice:

Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.

………………………………………

Respecto de lo sucedido estos días en Francia apenas puedo decir nada que no se haya dicho ya. Comparto las lágrimas de quienes han llorado la muerte de esos redactores de la revista Charlie Hebdo y la de las personas del supermercado de comida judía.

Tengo una opinión en formación, y al mirar hacia la bocana del puerto, me siento inclinado a invitar a quien me lea a reflexionar sobre algunas preguntas que me hago nacidas de la tenue luz que me ofrecen la Declaración Universal de los Derechos Humanos y mi propia capacidad de reflexión.

La libertad de opinión es un derecho, pero la mofa, el insulto, la burla hacia las creencias con las que alguien se identifica ¿es una opinión?. ¿Es una opinión el escarnio a lo que alguien cree?.

Si las leyes deben establecer límites en el ejercicio de los Derechos Humanos con la finalidad de asegurar el reconocimiento y el respeto a los derechos y libertades de los demás, ¿deberían también ponerse límites a la libertad de expresión?. En caso de respuesta afirmativa, ¿cuáles serían estos límites? En caso de respuesta negativa, ¿Por qué no? ¿Cuáles serán las razones?.

En Estados Unidos se despidió a un profesor por explicar la doctrina católica sobre la homosexualidad… ¿Faltó la justicia americana al derecho a la libertad de expresión? A este respecto se podría reflexionar la ley que hace algo más de un mes aprobó el Parlamento de Cataluña como Ley antihomofobia, hecha “para garantizar los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales y para erradicar la homofobia, la bifobia y la transfobia”, pero que más que erradicar discriminaciones lo que parecer es promover esas tendencias y blindarlas de poder opinar sobre ellas.

Rosa Diez, la líder del partido UPyD, ha considerado una barbaridad la afirmación del Papa Francisco de que “si el doctor Gasbarri dice una mala palabra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo. ¡Es normal!”. Lo que dice el Papa no es un juicio de valor, sino de hecho, como si dijéramos: “si me caigo de un tercer piso puedo matarme o romperme bastantes huesos, es normal”. Pero un juicio de hecho, ¿puede ser una justificación?. No tiene porque serlo, aunque sí llame la atención sobre conductas que se deberían revisar.

Sí, hay que defender la libertad de expresión, pero sobre todo hay que defender a las personas para que puedan seguir siendo libres y viviendo en una sociedad más justa. Y para eso, además de la policía, hace falta que las personas se sientan fuertes moralmente, que comparten principios con los vecinos, que no parezca su sociedad un desierto abandonado que puede ser ocupado por cualquiera. Políticas exteriores que, por razones económicas, no favorezcan gobiernos que dan cobertura a los terroristas. Y no olvidar que la fortaleza de quienes atentan contra nosotros se mide por nuestra debilidad.

Voy a ir dejando el tema. Tengo claro que los enemigos de mis enemigos no son mis amigos. No se puede permitir que el crimen campe en nuestra sociedad. Pero también creo que estos hechos dejan al descubierto muchos de los vacíos morales y espirituales de esta sociedad, de sus miedos y cobardías,…

Muchas actitudes que revisar.

Navidad en el Carmelo

La Navidad, fiesta que celebra el misterio del amor de Dios a los hombres, y que Santa Teresa de Jesús supo mostrarnos como vivirla con alegría y paz…

Teresa, de la rueca a la pluma

16566235_500Hay algo en el tiempo de Navidad que lo hace especialmente propicio para la fiesta, para una celebración íntima y gozosa, con la alegría que contagia este misterio. Así lo vivía Teresa, de la que conservamos un puñado de poemas con temática navideña, compuestos especialmente para regocijarse en comunidad con sus hermanas, al son de los instrumentos típicos, para hacer fiesta en honor al Niño Dios que nace.

Esta tradición fue recogida y continuada por las carmelitas desde la primera generación. Ofrecemos, a continuación, un artículo titulado «Navidad en el Carmelo». El autor, historiador vallisoletano, repasa el ambiente que, en esas fechas, se vivía en los primeros carmelos, y muestra cómo ese espíritu festivo se traducía en oraciones y cantos con los que se celebraba al Hijo de Dios recién nacido. Agradecemos a Javier Burrieza su amabilidad al permitirnos reproducir su trabajo en este blog.

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Cultura de mujer en el s. XVI: el caso de Teresa de Jesús

Escuchar a Tomás Álvarez, gran conocedor de la vida y la obra de Santa Teresa de Jesús, es, además de instructivo, un placer por su sencillez y claridad.

Teresa, de la rueca a la pluma


Enséñame tus caminos copia

La Editorial Monte Carmelo reedita ahora una importante obra del P. Tomás Álvarez: Cultura de mujer en el siglo XVI: el caso de Teresa de Jesús. 

Desde el canal de video de Gonzalo Cangas se ofrece la entrevista que Eduardo T. Gil de Muro realizó al autor, con motivo de la concesión, en 2006, del IX Premio Nacional de las Letras Teresa de Avila y la presentación de esta obra.

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V CENTENARIO DE SANTA TERESA DE JESÚS (1)

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Esta conocida letrilla es original de Santa Teresa. Se encontró en su breviario cuando ella murió. Su lectura atenta puede ser una buena introducción al espíritu de la santa. Hasta puede conectar con nuestras inquietudes actuales.

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
¡ Sólo Dios basta !

La glosa siguiente, conservada en un códice de las descalzas de Segovia, es de procedencia dudosa. Según el P. Vega, no es de Santa Teresa, que nunca usó de esta clase de glosas.

Eleva tu pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda

Ámala cual merece
bondad inmensa;
pero no hay amor fino
sin la paciencia

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
todo lo alcanza.

Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios tu tesoro
nada te falta.

Id, pues, bienes del mundo;
id dichas vanas;
aunque todo lo pierda,
sólo Dios basta.

25 ANIVERSARIO DE LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN

Breves reflexiones escritas en 1991 para un libro colectivo titulado “La Europa de Este y la Escuela” y que sirvió a los temas tratados en congreso anual del SIESC (Secrétariat International des Enseignants Secondaires Catholiques) celebrado en Fulda (Alemania) en agosto de1991. Su relectura me ha servido, a pesar de su brevedad e insuficiencias, para considerar más detenidamente todo los cambios acontecidos en Europa y la cultura occidental en estos últimos años.

Aquí lo pongo como una mirada conmemorativa de ese 25 aniversario de la caída del muro de Berlín.

 

REFLEXIONES EN TORNO AL FIN DE LA GUERRA FRIAmuro de berlin

0.‑ La unificación alemana y el fracaso del sistema comunista en los países del Este de Europa han puesto  fin a la  guerra fría. Con ese magno acontecimiento  se  abre en nuestra  historia otro capítulo lleno de incertidumbres. Sin apenas darnos cuenta, hemos entrado en un nueva era sumamente compleja  y ambigua. Lo que ha fracasado ha sido una de las respuestas  que el  hombre ha inventado para solucionar los males que le aquejaban.  Esos males eran, en buena parte, el producto de otro invento (el liberalismo económico), el cual, aliado a la técnica y a la ciencia positiva, produjo mucha riqueza para algunos y mucha  miseria evitable para los más,  al tiempo que se extendía por todo el planeta  merced al colonialismo.  Hoy la respuesta comunista ha  fracasado, sin que eso implique que los problemas que pretendía resolver hayan desaparecido.  En un mundo, cuyas dimensiones se  han reducido notablemente gracias a los medios de comunicación, persiste mucha hambre evitable, mucha  manipulación  humana  y, posiblemente, nunca el hombre se sintió más vacio y perdido que hoy en día.

El fracaso del sistema comunista ha producido un  alivio  a la tensión  entre los dos bloques militares que  hacían  temer un conflicto nuclear en el que se  decidiría la  supervivencia de la humanidad.  Unos pueden ver en  las dificultades  de los países ex comunistas el triunfo del liberalismo económico y la instauración de la cultura del consumo que lo acompaña; tal es el caso  de  Francis Fukuyama en su artículo “¿El fin de la Historia?”. Para otros, la posibilidad de volver a empezar, de recuperar la confianza en construir un nuevo mundo de acuerdo con las utopías humanistas del pasado.  Pero en cualquier caso,  creo que no  se  debería olvidar que  hemos  entrado  en  unos tiempos turbulentos, decisivos y de conversión.

1.‑ Los tiempos son turbulentos. Indudablemente lo son para los países ex comunistas, particularmente para la Unión Soviética. El enorme vacío que acompaña la  caída de  un sistema totalitario saca a la luz todas las fuerzas durante  tanto tiempo reprimidas. Esto es singularmente grave cuando el sistema  ha  sujetado a pueblos  tan diversos por raza, religión, lengua y tradiciones. Todos  tratan  de  aprovechar  el  vacío de poder. Todos desean dejarse  oír. Los ya de  por sí difíciles problemas económicos y políticos que acompañan la caída del sistema se  agravan  aún más por  la  agitación social y la acción de los oportunistas. Si tenemos en cuenta,  además,  que se trata de la caída de una gran potencia, con arsenales de armas nucleares, el peligro es realmente escalofriante.  Precisamente cuando más se necesitan la serenidad y la reflexión  es  cuando menos  acompañan  las condiciones necesarias para ello.

Pero, además, los tiempos son turbulentos  por  otras razones.  El  desplome  del sistemas comunista se produce en un mundo en el que buena parte de la humanidad sigue hundida en la miseria, y hasta en el hambre. Eso es hoy  injustificable. Esos pueblos no son sólo otro mundo: son la negación misma del sistema capitalista que acompaña a la economía de  mercado. También está el  mundo  musulmán, humillado y buscando el lugar  que le corresponde en el concierto  planetario por  su  importancia cultural y demográfica.  Y el gigante chino,  cuyo silencio en la actual hora histórica es una incógnita inquietante.

También  los  tiempos son turbulentos para la Europa Occidental.  Por un  lado, los problemas más allá  de su ámbito geográfico no son problemas ajenos a ella.  En rigor, en un mundo unificado e interdependiente,  ya no hay problemas ajenos. Lo que ocurra en  la  Europa  del Este  repercutirá  política,  social y económicamente en la Europa del Oeste.  Por otro lado, la euforia de una Europa  unida no  puede  hacer  olvidar  la  diversidad de pueblos que la integran, los recelos sociales y nacionales que en ella se dan y el vacio cultural  que se  ha creado en  un sistema que proclama la democracia y la libertad como  valores supremos y al mismo tiempo les sustrae su contenido. Nada más hay que ver el creciente desinterés por participar en la cosa pública  por parte del  pueblo  y las innumerables  dependencias  que  ahogan  a los individuos de las sociedades occidentales.

Hoy el reto es edificar la casa común europea. Y esa edificación ha de hacerse en ese contexto  mundial esquemáticamente descrito.  Se trata de una  respuesta  a los tiempos que ha de ser forzosamente global, pues la turbulencia en que vivimos no sólo afecta a todos los hombres, sino al hombre entero.  Por eso esa edificación se presenta como una gigantesca obra colectiva: gobernantes, legisladores, científicos, empresarios  y artistas  deberán contribuir  unitariamente en esa tarea.

2.‑Los tiempos son decisivos.  La respuesta a una situación tan vasta y compleja es, necesariamente, una decisión. Pero tomar una decisión es otra cosa  distinta de tener  un conocimiento. Esto  mismo señalaba  Mijail  Gorbachov en una  entrevista que le hacía la “Nezavisinaya Gazeta” ( publicada en el diario “El País” el  19‑XII‑91):  “Creo  que debemos mentalizarnos de  esta simple verdad: la  contribución  y  salvaguarda  del progreso de  la humanidad que pueden aportar los científicos, o los intelectuales en general,  no reside en sus conocimientos, en su experiencia, o en su saber hacer profesional,  sino en una actitud moral,  en su deseo y en su capacidad de cooperar con todos aquellos que buscan la democracia, la libertad y la paz”.  Esto ha sido siempre así, pero hoy es una evidencia.  En las situaciones difíciles  y graves se cae en la cuenta del carácter decisivo de  los valores morales en la formación del ánimo necesario para superar esa situación.

Sin  embargo,  no basta  con proclamar esa actitud para ya poseerla.  En  la  formación de la actitud moral se  precisa la reflexión  sobre cómo  se  ha  de  entender  esa democracia, esa libertad y esa paz con las que se pretende organizar la convivencia humana.  Y esta reflexión es posible si  se libera lo que  es  un  requisito  de  la  vida  humana: disponer  de  una interpretación de sí misma, disponer de una teoría intrínseca que la haga posible como realidad. Esta es la misión de la filosofía. Los distintos saberes  que  la  racionalidad  occidental  ha ido construyendo a lo  largo de  su historia le han proporcionado un enorme poder para ajustar la realidad a sus deseos y necesidades. Pero ninguno de ellos le proporciona, ni le pueden proporcionar, la necesaria sabiduría para un uso correcto de esos poderes. Esta sabiduría sólo puede venir de la reflexión rigurosa  y continuada sobre lo que el hombre es.

Los tiempos  reclaman esta reflexión.  Occidente dispone de un  pasado  rico  en  experiencias  y  en  pensamientos de donde extraer los motivos de reflexión que orienten la formación de esa actitud. Pero esto exige otra  forma de pensar.

3.‑Los tiempos son de conversión. Si en el momento presente saber es  necesario,  pero  no  suficiente,  tampoco tener ideas basta.  Estas han de ser  vividas.  Además de ideas sobre la democracia,  la  libertad  o  la  paz,  necesitamos,  sobre todo, hombres y mujeres que sean demócratas, libres y pacíficos. Y esto exige una conversión: un ver las cosas desde “una renovación del espíritu de nuestra mente”(Ef.4,23).  Solamente en  la conversión se produce un cambio en la forma  de pensar y actuar  del hombre, una reorientación de su vida. Esta conversión acontece de verdad cuando el ser humano  descubre  la realidad que le  sobrepasa. En rigor,  sólo hay conversión en  el encuentro  personal del hombre con Dios. El encuentro entre Jesús y Nicomedo (Jn.3,1‑21) resulta ejemplar:  sin  conversión,  las  mismas  palabras  e  ideas  son entendidas de “otra forma” distinta a la de su sentido espiritual y humano;  son  entendidas  según “la carne”.  Sin conversión las ideas fácilmente  se  tornan  en  armas  arrojadizas  contra los otros.  La idea se hace “cosa”  que puede usar de muchas maneras. La experiencia ha enseñado sobradamente al  hombre occidental que el mero saber puede autodestruirle y que en nombre de la  paz, la cultura,  la justicia y hasta del mismo Dios se han  cometido los actos más inhumanos.  Solamente cuando  los  conocimientos  y las ideas habitan en un hombre convertido son  entonces flexibles y abiertas  a  la  verdad  (Jn.3,8).  En  un  mundo  tan  altamente organizado  y  poderoso  como  el  nuestro  esta  conversión debe alcanzar a los individuos y a  las instituciones.  Esto es lo que puede  descubrirles  su  razón de  ser:  estar al servicio de los demás.

El cristiano,  que vive de la fe, que es garantía de lo que espera (Hb.11,1),  tiene aquí  una misión  propia  y radicalmente necesaria.

En una Europa dominada por la “cultura del consumo”(?),  el peligro no está solamente en los conflictos que puedan sobrevenir en  las  zonas  “liberadas  del comunismo”.  Con  la  caída   de barreras también se  ha  facilitado en esas  zonas el crecimiento de la  criminalidad,  el  racismo,  el  recelo  nacionalista,  la demagogia,  el arribismo político y  el lucro a  expensas de  los débiles,  como recordaba  no  hace  mucho  Václav  Havel   en  su “Meditación”.  Todo eso es  también  conocido  en  la  Europa del Oeste. Hasta el mismo proyecto de una Europa unida, con la enorme acumulación  de  poder  que  ello  supone,  puede  significar  un peligro.  Para quienes  viven apoyados solamente  en el horizonte del mundo,  los tiempos son siempre justificación de cinismo o de vacío. O bien, tratando de huir de ambos, entregarse a las vastas promesas de la  esperanza proyectada ora  en el pasado  ora en el futuro. Pero en cualquier caso, “los tiempos que corren” resultan siempre insufribles y el ser profundo  del hombre  gime  por ser liberado de ellos.

El  cristiano está en el  mundo  (Jn.17,11)  y,  por eso, participa de todas esas tribulaciones y  busca,  con  los demás hombres y como  los demás hombres,  dar  respuestas  a  todos los problemas que los acucian.  Pero  el  cristiano no  es  del mundo (Jn.17,14): lo que nutre su vida personal ( y, por tanto, social) es  su  fe  en  Jesucristo,  promesa  cumplida  que fundamenta su esperanza,  don del Espíritu Santo (Rm.5,5), en el Reino de Dios, el  cual  está  dentro  de  nosotros  (Lc.,17,21).   Por  eso  el cristiano,   compartiendo  “los  gozos  y  las   esperanzas,  las tristezas y angustias de los  hombres de su tiempo”(G.  et S.,1), se  gloria  en el Señor,  pues es en  ellas donde se  engendra la paciencia y virtud probadas que hacen posible ese Reino de Dios.

Lo  que propiamente anuncia  el cristiano es,  pues, eso: Cristo  en  el  mundo,  fuente  de  salvación para  los hombres y mujeres. No se trata de ninguna ideología que oponga a este mundo “otro” mundo. No hay más mundo que éste, pero no es igual vivirlo iluminado por la luz de Cristo que a obscuras.

Por eso, en la hora actual, el cristiano tiene una misión propia:  la cultura moderna ha puesto de manifiesto que la  fe en Dios no es una evidencia vulgar,  sino que exige una una decidida metanoia,  una conversión. En un mundo socialmente cristiano, la fe era una trivialidad;  en un mundo  sin referencias religiosas, los cristianos son los  que aparecen como heterodoxos.  Esto nos puede hacer caer  en  la  cuenta de la  afirmación de Tertuliano: “Los cristianos no nacen, sino que se hacen”.

Esta misión es,  además,  absolutamente necesaria: la fe en el amor  de  Dios  es  el  prodigio que permite  descubrir el ser profundo del hombre,  simultáneamente personal y social. Sin ella el hombre construye imágenes  de sí mismo, pesimistas  u optimistas,  pero que acaban volviéndose contra él por ilusorias. En la  fe  el  hombre  se  encuentra con el  misterio  (no con el problema) que ilumina la realidad hasta hacerla transparente a sí misma, y cuya manifestación es la libertad, la creatividad y el amor solidario.