“Muero porque no muero”, nuevo disco de Juan Santamaría

A la belleza del poema teresiano, a la hondura de su experiencia mística, se le une una voz de gran personalidad, como es la de Juan Santamaría…

Teresa, de la rueca a la pluma

pruebaJuan Santamaría, cantante hispanoluso y primer cantante de fado en España, ha sabido unir la poesía de los grandes escritores de la literatura en lengua española con el fado, música y alma de Portugal.

Dedicó dos discos al Nobel de Literatura español: Juan Ramón Jiménez, donde musicalizó en fado sus poemas obteniendo una gran crítica de público y prensa.

Llevó a cabo una extensa gira por España, Portugal y EEUU, presentando dichos discos en prestigiosas salas de espectáculos.

Con motivo del V centenario del nacimiento de la escritora y doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús, Juan Santamaría va a editar un disco donde une la poesía de la gran mística de Ávila con el fado, música que está relacionada con el misterio de la vida y la muerte que la Santa refleja en sus poemas, especialmente en “Vivo sin vivir en mí (Muero porque no muero)” que será el título de…

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Navidad en el Carmelo

La Navidad, fiesta que celebra el misterio del amor de Dios a los hombres, y que Santa Teresa de Jesús supo mostrarnos como vivirla con alegría y paz…

Teresa, de la rueca a la pluma

16566235_500Hay algo en el tiempo de Navidad que lo hace especialmente propicio para la fiesta, para una celebración íntima y gozosa, con la alegría que contagia este misterio. Así lo vivía Teresa, de la que conservamos un puñado de poemas con temática navideña, compuestos especialmente para regocijarse en comunidad con sus hermanas, al son de los instrumentos típicos, para hacer fiesta en honor al Niño Dios que nace.

Esta tradición fue recogida y continuada por las carmelitas desde la primera generación. Ofrecemos, a continuación, un artículo titulado «Navidad en el Carmelo». El autor, historiador vallisoletano, repasa el ambiente que, en esas fechas, se vivía en los primeros carmelos, y muestra cómo ese espíritu festivo se traducía en oraciones y cantos con los que se celebraba al Hijo de Dios recién nacido. Agradecemos a Javier Burrieza su amabilidad al permitirnos reproducir su trabajo en este blog.

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Cultura de mujer en el s. XVI: el caso de Teresa de Jesús

Escuchar a Tomás Álvarez, gran conocedor de la vida y la obra de Santa Teresa de Jesús, es, además de instructivo, un placer por su sencillez y claridad.

Teresa, de la rueca a la pluma


Enséñame tus caminos copia

La Editorial Monte Carmelo reedita ahora una importante obra del P. Tomás Álvarez: Cultura de mujer en el siglo XVI: el caso de Teresa de Jesús. 

Desde el canal de video de Gonzalo Cangas se ofrece la entrevista que Eduardo T. Gil de Muro realizó al autor, con motivo de la concesión, en 2006, del IX Premio Nacional de las Letras Teresa de Avila y la presentación de esta obra.

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LA UNIDAD DEL SER

“El dogma de la unidad de la esencia de cuanto existe precede a todo acto de conocimiento, y todo acto de conocimiento presupone el dogma de la unidad del mundo. El ideal o fin último de toda filosofía y de toda ciencia es la verdad. Más la verdad no tiene otro sentido que el de la reducción de la pluralidad fenoménica a la unidad esencial: de los hechos a las leyes, de las leyes a los principios, de los principios a la esencia o el ser. Toda búsqueda mística, gnóstica, filosófica y científica de la verdad da por supuesta su existencia, es decir, la unidad básica de la multiplicidad de los fenómenos del mundo.  ¿Cómo, en efecto, podría procederse de lo conocido a lo desconocido —lo que precisamente constituye el método del progreso del conocimiento— si lo uno no tuviera que ver con lo otro, si lo desconocido no tuviera ningún parentesco con lo conocido y le fuera absoluta y esencialmente extraño? Cuando decimos que el mundo es cognoscible o, en otras palabras, que el conocimiento como tal existe, proclamamos por el hecho mismo la unidad esencial del mundo. Declaramos que el mundo no es un mosaico donde se hallan incrustadas una pluralidad de mundos esencialmente extraños los unos a los otros, sino un organismo cuyas partes están gobernadas por el mismo principio, lo que le permite revelarlo y poder remitirse a él. El parentesco de todas las cosas y seres es la condición indispensable sine qua non de su posibilidad de ser conocidas”

Anónimo. Los arcanos mayores del tarot, pgs. 35.

EL ENCUENTRO MUNDIAL DE LA JUVENTUD, MADRID 2011

0. ¿Qué significa la Jornada Mundial de la Juventud?

1. Significa encuentro. Encuentro con católicos de todo el mundo, de otras lenguas, de otras culturas, pero con los que se comparte una misma búsqueda de la fe. Encuentro con aquellos que, como yo, siguen un mismo camino.

2. Encuentro con el Papa, el sucesor de Pedro, el vicario de Cristo en la tierra. Encuentro con la tradición de una Iglesia que es depósito de la fe, pueblo de Dios, cuerpo de Cristo.

3. Encuentro con Cristo. Esa es la meta: descubrir a quien es el camino, la verdad y la vida.

4. Estas Jornadas de Madrid han ido precedidas de unos trabajos previos, de unos viajes y actos en otros distintos lugares. Por eso las jornadas tienen la forma de un peregrinaje, un caminar hacia una meta más o menos lejana, pero real, que al tiempo que me acerca a ella me transforma. Y desde el preciso momento que uno sabe adónde se dirige, lo suyo ya no es un andar, como el que hace senderismo o saludable ejercicio físico, sino un ir andando a un lugar que me aguarda. De ahí que el cansancio se vea acompañado de la alegría de la meta que se le acerca, alegría que se vuelve en entusiasmo incontenible cuando la meta es ya vista.

5. Un encuentro con personas, no con ideas. Captar el calor que me proporciona el prójimo, el semejante, la solicitud que muestra la Iglesia en su servicio a la fe, que Dios nos ama. Y eso obliga a una respuesta que nos manifiesta como somos.

6. Oí a un antropólogo decir que la persona es sus encuentros. El encuentro no es mera coincidencia en un lugar y momento determinado. Es sentirse en comunión con el otro, ver en el otro aquello que yo buscaba, tal vez sin saberlo, y encontrar que él me muestra que mi aspiración me es posible alcanzarla.

7. Y eso hace del encuentro un acontecimiento: algo estructurante de mi personalidad. De ahí su permanencia activa en la memoria.

8. De todo lo visto y vivido cada uno tomara según su capacidad. Y su universalidad no está en que vengan gentes de muchas partes, sino que allí se juntan doctos e indoctos, sanos y enfermos, ricos y pobres, orgullosos y sencillos, sacerdotes y laicos… Y también se sienten en comunión con otros muchos que no han venido por las guerras, la pobreza o las muchas otras miserias que campan por el mundo.

9. De ahí saldrán algunas vidas transformadas que harán mucho bien allí donde decidan estar. Normalmente se dan datos sobre el número de participantes, o los gastos habidos, o beneficios, o…Sí, es verdad, pero el centro de gravedad de esas jornadas está en las fuerzas espirituales que anima.

10. Ahora viene el camino de vuelta. Es el momento de los frutos. Ojalá sean abundantes.

DEL DECIR MUERTO…

He aquí un texto de Platón, del Fedro de Platón. He seguido básicamente el texto tal y como lo ha traducido Emilio Lledó y que incluye en su magnífica obra “El surco del tiempo”. He hecho pequeñas modificaciones de acuerdo con la traducción del diálogo hecha por María Araujo, en las Obras Completas de Platón, de la editorial Aguilar (Madrid, 1974).

Invito a leerlo detenidamente, aunque sea un poco largo. Si se tiene tiempo y se desea, se puede intentar ver relaciones con el texto de B. Russell. Aunque es un texto muy conocido, su lectura atenta siempre permite descubrir cosas nuevas…

 

274c Sócrates. Tengo que contarte algo que oí de los antiguos, aunque su verdad sólo ellos la saben. Por cierto que, si nosotros pudiéramos descubrirla, ¿nos seguiríamos ocupando de las opiniones humanas?

Fedro. Preguntas algo ridículo. Pero cuenta lo que dices haber oído.

Sóc. Pues bien, oí que había por Náucratis, en Egipto, uno de los antiguos dioses del lugar al que, por cierto, está consagrado el pájaro que llaman Ibis. El nombre de aquella deidad era Theuth. Fue éste quien, primero, descubrió el número y el cálculo, y, también, la geometría y la astronomía, y, además, el juego de las damas y el de los dados, y, sobre todo, las letras. Por aquel entonces, era rey de todo Egipto Thamus, que vivía en la gran ciudad de la parte alta del país, que los griegos llaman Tebas egipcia, y cuyo Dios es Ammón. Theuth vino al rey y le mostró sus artes, diciéndole que debían comunicarse a los demás egipcios. Pero Thamus le preguntó cuál era la utilidad de cada una, y medida que su inventor las explicaba minuciosamente, él las aprobaba o desaprobaba, según le pareciese bien o mal lo que decía. Muchas fueron, según se dice, las observaciones que, a favor o en contra de cada arte hizo Thamus a Theuth, y sería muy largo exponerlas.

Pero cuando llegaron a lo de las letras, dijo Theuth: «Este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y fortalecerá su memoria, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría». Pero el rey respondió: «¡Oh ingeniosísimo Theuth! A unos les es dado crea y por sr un arte, a otros juzgar qué de daño o provecho aporta a los que pretenden hacer uso de él. Y ahora tú, que eres el padre de los caracteres de la escritura, por benevolencia hacia ellos, les atribuyes facultades contrarias a las que tienen. 275ª Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes los aprendan, pues al descuidar la memoria, ya que fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, no la verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además de tratar, porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad».

Fed. ¡Qué bien se te da, Sócrates, hacer discursos de Egipto, o de cualquier otro país que se te antoje!

Sóc. El caso es, amigo mío, que, según se dice que se decía en el templo de Zeus en Dodona, las primeras palabras proféticas habían salido de una encina. Pues a los hombres de entonces, que no eran sabios como vosotros los jóvenes, tal ingenuidad tenían que se conformaban con oír a una encina o a una roca, sólo con que dijese la verdad. Sin embargo, para ti tal vez hay diferencia según quién sea el que hable y de que país. Pues no te fijas únicamente en si lo que dicen es así o de otra manera.

Fed. Tienes razón al reprenderme, y creo que con lo de las letras pasa lo que el tebano dice.

Sóc. Así pues, el que piensa que ha dejado un arte por escrito, y, de la misma manera, el que lo recibe como algo que será claro y firme por el hecho de estar en letras, rebosa ingenuidad y, en realidad, desconoce la predicción de Ammon, creyendo que las palabras escritas son algo más, para el que las sabe, que un recordatorio de aquellas cosas sobre las que versa la escritura.

Fed. Exactamente.

 Sóc. Porque es que es impresionante, Fedro, lo que pasa con la escritura, y por lo que tanto se parece a la pintura. En efecto, las producciones de ésta están ante nosotros como si tuvieran vida; pero si se les pregunta algo, responden con el más altivo de los silencios. Lo mismo pasa con las palabras escritas. Podrías llegar a creer que lo que dicen fueran como pensándolo, pero si alguien pregunta, queriendo aprender de lo dicho, apuntan siempre y únicamente a una y la misma cosa. Pero, eso sí, con que una vez algo haya sido puesto por escrito, las palabras ruedan por doquier, igual entre los entendidos que como entre aquellos a los que no les importa en absoluto, sin saber distinguir a quienes conviene hablar y a quienes no. Y si son maltratadas o vituperadas injustamente, necesitan siempre la ayuda del padre, ya que ellas solas no son capaces de defenderse ni de ayudarse a sí mismas.

Fed. Muy exacto es todo lo que has dicho.

276ªSóc. Entonces, ¿qué? ¿Podemos dirigir los ojos hacia otro tipo de discursos, hermano legítimo de éste, y ver cómo nace y cuánto mejor y más fuertemente se desarrolla?

Fed. ¿A cuál te refieres y cómo dices que nace?

Sóc. Es ese que se escribe con fundamento en el alma del que aprende; capaz de defenderse a sí mismo y sabiendo con quiénes hablar y ante quiénes callarse.

Fed. ¿Te refieres al discurso lleno de vida y de alma, que tiene el que sabe y del que el escrito se podría justamente decir que es el reflejo?

Sóc. Sin duda. Pero dime ahora esto. ¿Un labrador sensato que cuidase de sus semillas, las llevaría, en serio, a plantar en verano, a un jardín de Adonis, y gozaría al verlas ponerse hermosas en ocho días, o solamente haría una cosa así por juego o por una fiesta, si es que lo hacía? ¿No sembraría, más bien, aquellas que le interesasen en el lugar adecuado de acuerdo con lo que manda el arte de la agricultura, y no se pondría contento cuando, en el octavo mes, llegue a su plenitud todo lo que sembró?

Fed. Así es, Sócrates. Tal como acabas de expresarte; en un caso obraría en serio, en otro de manera muy diferente.

Sóc. ¿Y el que posee el conocimiento de las cosas justas, bellas y buenas, diremos que tiene menos inteligencia que el labrador respecto a sus propias simientes?

Fed. De ningún modo.

Sóc. Por consiguiente, no se tomará en serio el escribirlas en agua, negra por cierto, sembrándolas por medio del cálamo, con discursos que no pueden prestarse ayuda a sí mismos, a través de las palabras que los constituyen, e incapaces también de enseñar adecuadamente la verdad.

Fed. Al menos, no es probable.

Sóc. No lo es, en efecto. Más bien, los jardines de las letras, según parece, los sembrará y escribirá como por entretenimiento; atesorando, al escribirlos, recordatorios para cuando llegue la edad del olvido, que le servirá a él y a cuantos hayan seguido sus mismas huellas. Y disfrutará viendo madurar sus tiernas plantas, y cuando otros se dan a otras diversiones y se hartan de comer y beber y todo cuanto con esto hermana, él, en cambio, pasara, como es de esperar, su tiempo distrayéndose con las cosas que te estoy diciendo.

Fed. Uno extraordinariamente hermoso, al lado de tanto entretenimiento baladí, es el que dices, Sócrates, y que permite entretenerse con las palabras, componiendo historias sobre la justicia y todas las otras cosas a las que te refieres.

Sóc. Así es, en efecto, querido Fedro. Pero mucho más hermoso, pienso yo, es ocuparse con seriedad de esas cosas cuando alguien, haciendo uso de la dialéctica y eligiendo un alma adecuada, planta y siembra 277ª palabras con fundamento, capaces de ayudarse a sí mismas y a quienes las planta, y que no son estériles, sino portadoras de simientes de las que surgen otras palabras que, en otros caracteres, son canales por donde se transmite en todo tiempo, esa semilla inmortal, que da felicidad al que la posee en el grado más alto posible para el hombre.

Fed. Esto que dices es todavía mucho más hermoso…

CIENCIA Y SABIDURÍA

“Al considerar la influencia de la ciencia sobre la vida humana, tenemos, por consiguiente, que considerar tres aspectos más o menos enlazados entre sí. El primero es la naturaleza y objeto del conocimiento científico; el segundo es el mayor poder de manipulación que se deriva de la técnica científica; el tercero son los cambios en la vida social y en las instituciones tradicionales que resultan de las nuevas formas de organización exigidas por la técnica científica. La ciencia como conocimiento es la razón fundamental de los otros dos aspectos, puesto que todos los efectos que la ciencia produce son el resultado del conocimiento por ella conseguido. El hombre hasta ahora se ha visto impedido de realizar sus esperanzas por ignorancia de los medios. A medida que esta ignorancia desaparece, se capacita cada vez mejor para moldear su medio ambiente, su medio social y su propio ser según las formas que juzga mejores. Mientras sea sensato, este nuevo poder le será beneficioso. Pero si el hombre es necio, le será contraproducente. Por consiguiente, para que una civilización sea una buena civilización, es necesario que el aumento de conocimiento vaya acompañado de un aumento de sabiduría. Entiendo por sabiduría una concepción justa de los fines de la vida. Esto es algo que la ciencia por sí misma no proporciona”

Russell, Bertrand. La perspectiva científica, pg 9.Barcelona, 1969

Un texto para ser meditado.

SENTIDO Y SER

“Que algo «tiene sentido» quiere decir ni más ni menos que: que ese algo resulta comprensible, esto es: interpretable de alguna manera. No quiere decir que sea signo de otra cosa; tal carácter no es inherente  a lo que entendemos por «tener sentido»; a esta noción sólo le es inherente el hecho de que hay un ámbito, fondo, contexto o complejo, sobre el cual, a partir del cual, dentro del cual, el algo en cuestión resulta comprensible, o sea: es interpretable; el sentido es, pues, ese ámbito o fondo sobre el cual algo resulta comprensible; lo comprensible o comprendido, lo que es descubierto y sale a la luz, no es el sentido, sino el algo que «tiene sentido»”.

MARTINEZ MARZOA, Felipe. “De Grecia y la filosofía”, pgs. 43-44.Universidad de Murcia, 1990

  1. Ser y sentido son convertibles.
  2. Algo no tiene sentido cuando no tiene ser. Tener sentido es participar del ser. Solamente la nada no tiene sentido. La nada es inconcebible. Algo no tiene sentido  (es absurdo) cuando permanece aislado, sin nada a que referirse, es decir, cuando no hay fondo al que adscribir los hechos.
  3. El hombre es voluntad de sentido. Lo busca cuando no lo ve. Vivir es un querer hacerse con su ser.
  4. El sentido no puede ser inventado arbitrariamente. Se descubre en aquello que es sentido como real, que nos saca de nosotros mismos y nos facilita el encuentro con “lo otro”.
  5. Una persona se dedicó gozosa y voluntariamente al cuidado de unos padres muy enfermos. Y descubrió la mucha capacidad de amar que había en ella. Eso le hizo sentirse muy real. Cuando esto se ocurre, decimos que le hizo sentirse plena; cuando no se da, la persona se siente vacía.

MERCANCÍA…

A mi amigo Jo

1. La llamada revolución industrial es una de las consecuencias de la mentalidad gestada en el Renacimiento en el plano económico. Que fuera a mediados del siglo XIX cuando empezara a verse su alcance lo considero algo accidental.

2. Donde digo “mentalidad” no hay ningún inconveniente en llamarlo con la expresión hegeliana de “figura de conciencia” o “modo de producción” en terminología de Marx.

3. En esa mentalidad “el hombre” se siente vencedor de la naturaleza. La naturaleza está ahí para satisfacer sus necesidades. “El hombre” es, sobre todo, un elaborador de cosas las cuales produce con su actividad.

4. Ese hombre al que esa mentalidad se refiere no es este hombre o aquel, sino el hombre “universal”, un hombre cualesquiera, al igual que en física se habla de un móvil o una fuerza.

5. Ese hombre es un todo estructural, una “sociedad” dentro de la cual cada ser humano concreto es lo que es. Es la sociedad como realidad primaria la que determina la forma de ver las cosas incluso en la naturaleza: un bosque o una montaña no son lo mismo para una sociedad cazadora o de pastores que para una sociedad industrial.

6. En esa mentalidad en la que la actividad humana va perdiendo sus “caracteres secundarios o subjetivos” (como en la ciencia moderna ha ocurrido a partir de la revolución científica), los objetos de la actividad humana son “mercancías”.

7. Se entiende por mercancía cualquier objeto producido o simplemente puesto con vistas a su cambio por otros objetos. Tanto da que sea un coche, un vagón de almendras o un mineral. Aquello por lo que algo puede ser cambiado está solamente en función de las necesidades y deseos de quien posee dicha mercancía y de los demás.

8. El mercado es toda situación en la que se da el intercambio de las mercancías. No es ningún lugar físico. Cuando se habla de regular los mercados se está hablando de sujetar a normas los intercambios de mercancías.

9. Esta nueva manera de ver las cosas producidas por el hombre contrasta con el modo de producción gremial, en la que alguien elabora algo a petición de otro alguien para satisfacer alguna necesidad o deseo.

10. El que las cosas producidas sean ahora mercancías quiere decir que lo que cuenta en cada objeto producido es su aspecto cuantitativo. Ahora todas las cosas son equivalentes a efectos de cambio y, al margen de que sean cosas muy diferentes cualitativamente, podemos decir que una mesa equivale a 150 kilos de naranjas, por ejemplo.

11. La magnitud que expresan las mercancías se mide mediante el dinero, al igual que la magnitud tiempo mediante días o el espacio en metros.

12. El que un kilo de arroz pueda equivaler a 2 latas de refresco o 0,75 de un polo de chocolate no depende del trabajo concreto puesto por alguien en su producción, sino de la valoración general abstracta que de forma espontánea hace el mercado libre de ese trabajo. Si alguien echa muchas horas en producir algo que no interesa a nadie, el valor de cambio de ese algo será nulo.

13. Las mercancías caracterizan aquella sociedad en la que todo es cantidad de una misma magnitud, pura magnitud.

14. Esa mentalidad que ha permitido ver las cosas como mercancías ha permitido al mismo tiempo liberar fuerzas productivas de un modo extraordinario, mucho más que la máquina de vapor. La masificación y la mecanización de la producción son el motor de esa sociedad que llamamos capitalista.