LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y SUS LÍMITES. (Reflexiones en torno a “Je suis Charlie Hebdo”).

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su Artículo 19, dice:

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

De los 30 artículos que componen la Declaración Universal de Derechos humanos, los dos últimos, el 29 y el 30, los dedica a los deberes hacia la sociedad y las limitaciones legales de esos derechos.

Artículo 29 dice:

  1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.
  2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
  3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Y el artículo 30 dice:

Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.

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Respecto de lo sucedido estos días en Francia apenas puedo decir nada que no se haya dicho ya. Comparto las lágrimas de quienes han llorado la muerte de esos redactores de la revista Charlie Hebdo y la de las personas del supermercado de comida judía.

Tengo una opinión en formación, y al mirar hacia la bocana del puerto, me siento inclinado a invitar a quien me lea a reflexionar sobre algunas preguntas que me hago nacidas de la tenue luz que me ofrecen la Declaración Universal de los Derechos Humanos y mi propia capacidad de reflexión.

La libertad de opinión es un derecho, pero la mofa, el insulto, la burla hacia las creencias con las que alguien se identifica ¿es una opinión?. ¿Es una opinión el escarnio a lo que alguien cree?.

Si las leyes deben establecer límites en el ejercicio de los Derechos Humanos con la finalidad de asegurar el reconocimiento y el respeto a los derechos y libertades de los demás, ¿deberían también ponerse límites a la libertad de expresión?. En caso de respuesta afirmativa, ¿cuáles serían estos límites? En caso de respuesta negativa, ¿Por qué no? ¿Cuáles serán las razones?.

En Estados Unidos se despidió a un profesor por explicar la doctrina católica sobre la homosexualidad… ¿Faltó la justicia americana al derecho a la libertad de expresión? A este respecto se podría reflexionar la ley que hace algo más de un mes aprobó el Parlamento de Cataluña como Ley antihomofobia, hecha “para garantizar los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales y para erradicar la homofobia, la bifobia y la transfobia”, pero que más que erradicar discriminaciones lo que parecer es promover esas tendencias y blindarlas de poder opinar sobre ellas.

Rosa Diez, la líder del partido UPyD, ha considerado una barbaridad la afirmación del Papa Francisco de que “si el doctor Gasbarri dice una mala palabra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo. ¡Es normal!”. Lo que dice el Papa no es un juicio de valor, sino de hecho, como si dijéramos: “si me caigo de un tercer piso puedo matarme o romperme bastantes huesos, es normal”. Pero un juicio de hecho, ¿puede ser una justificación?. No tiene porque serlo, aunque sí llame la atención sobre conductas que se deberían revisar.

Sí, hay que defender la libertad de expresión, pero sobre todo hay que defender a las personas para que puedan seguir siendo libres y viviendo en una sociedad más justa. Y para eso, además de la policía, hace falta que las personas se sientan fuertes moralmente, que comparten principios con los vecinos, que no parezca su sociedad un desierto abandonado que puede ser ocupado por cualquiera. Políticas exteriores que, por razones económicas, no favorezcan gobiernos que dan cobertura a los terroristas. Y no olvidar que la fortaleza de quienes atentan contra nosotros se mide por nuestra debilidad.

Voy a ir dejando el tema. Tengo claro que los enemigos de mis enemigos no son mis amigos. No se puede permitir que el crimen campe en nuestra sociedad. Pero también creo que estos hechos dejan al descubierto muchos de los vacíos morales y espirituales de esta sociedad, de sus miedos y cobardías,…

Muchas actitudes que revisar.